miércoles, 1 de septiembre de 2010

Hoy: 50 años de la píldora anticonceptiva - Triunfo de la libertad de conciencia para decidir por encima de la enciclica

Junio 26 de 2010

Hoy: 50 años de la píldora anticonceptiva

La idea de controlar la fecundidad de la mujer es muy antigua, pero tan solo el 23 de junio del año 1960, cuando la FDA de USA aprobó el uso de la píldora, entró la humanidad en un proceso de verdadero control de la natalidad.

Desde entonces, millones de mujeres de todo el mundo recurren a la píldora para hacerse dueñas de la fecundidad del acto conyugal. Sencillamente, el ser humano llegaba técnicamente a separar los dos fines primarios del matrimonio: amor sexual unitivo y procreación.

Podía expresar el amor cuantas veces le pareciera, sin tener que cargar con las consecuencias del hijo. Separación que significaba un arma de dos filos: control responsable y descontrol irresponsable. La píldora abría este doble cauce, esta doble posibilidad, tal como lo comprueban los cincuenta años de experiencia.

Pero lo que para la ciencia era asunto meramente técnico, para la Iglesia católica constituía un problema moral de fondo. ¿Era lícito separar los dos fines? Si durante siglos venía enseñando que la sexualidad desembocaba en el matrimonio y este en la procreación, ¿cómo iba a permitir tan fácilmente que lo que justificaba tanto el matrimonio como el acto conyugal, vale decir, la procreación, ahora quedara al arbitrio de los esposos? ¿Con qué criterio iban los moralistas católicos a controlar la vida sexual?

Tal fue la objeción que el moralista Zalba le presentó al papa Pablo VI, en audiencia personal, poco después de que el documento conciliar GS, en su número 51, separara los dos fines del matrimonio. "Se va a pique toda la moral sexual de la Iglesia", le comentó Zalba al Papa.

A partir de ese momento, resolvió Pablo VI sacar una encíclica que volviera a la situación anterior al Concilio: "Todo acto conyugal debería quedar abierto a la procreación".

¿La autoridad del Papa por encima del Concilio? De hecho, sí, ¿pero, de derecho? Esta intervención de Zalba explica por qué el Papa desoyó la conclusión de la mayoría de la comisión encargada por Juan XXIII de estudiar el problema de la población y del control de la natalidad, compuesta por seis miembros, y ampliada por Pablo VI a más de setenta, conclusión de la notable mayoría a favor de la regulación artificial de la natalidad.

El problema para las parejas católicas estaba a la vista: una encíclica que obligara a los esposos a que todo acto conyugal quedara abierto a la procreación cerraba la puerta a la píldora anticonceptiva.

Pero, a pesar de todo, la encíclica fue firmada el 25 de julio de 1968: fue 'bomba atómica' que explotó en todo el mundo y que conmovió los cimientos de la opinión pública, católica y no católica. Muchos obispos se rindieron y acataron fervorosamente la encíclica sin preocuparse por el alejamiento de la Iglesia de muchas parejas.

No así el cardenal arzobispo de Colonia, Alfred Frings, quien consultó a un profesor joven de Tubinga la forma de defender la conciencia de las parejas frente a la encíclica, en vísperas de su aparición. Y la respuesta del joven teólogo, hoy Benedicto XVI, no se hizo esperar: "Aun por encima del Papa, como expresión de lo vinculante se halla la propia conciencia, a la que hay que obedecer ante todo, si fuere necesario, incluso contra lo que diga la autoridad eclesiástica". Frings quedó satisfecho y, aplicando el consejo del joven teólogo de Tubinga, defendió a miles de parejas católicas de abandonar la Iglesia. Se puede disentir sensatamente de un documento del Magisterio de la Iglesia sin tener que dejar la Iglesia ni privarse de los sacramentos. La conciencia bien formada ante todo.

Y en este sentido respondió la Congregación para el Clero de la Santa Sede ante la demanda de unos sacerdotes católicos de la diócesis de Washington, privados del ejercicio sacerdotal por su obispo, cardenal O'Boyle, por disentir de dicha encíclica. "En el análisis final, la conciencia es inviolable, y el hombre no debe ser forzado a actuar de forma contraria a su conciencia, como afirma la tradición moral de la Iglesia", fue la respuesta de la Congregación.

Cincuenta años de píldora, 50 años de regulación artificial de la natalidad, 50 años de primacía de la conciencia.


Tomado de El Tiempo - http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonsollanoescobar/hoy-50-anos-de-la-pildora-anticonceptiva_7775066-1

¿Cuántos quedamos?

Alfonso Llano Escobar

¿Cuántos quedamos?

Una pregunta que se hacen algunos católicos, asustados ante la desbandada actual.

No está mal que les recordemos a los lectores qué se entiende por Iglesia, ya que la mayoría confunde o identifica Iglesia con Jerarquía. No. Iglesia es la comunidad de los creyentes en Jesucristo, los que creemos que Jesús fue un hombre verdadero, como nosotros, el hijo de José y María, que murió y resucitó por nosotros, y 'está sentado a la diestra de Dios', metáfora que quiere decir, que Jesús comparte con el Padre la misma y única divinidad. Es Hijo de Dios. Es Dios. Jesús es el personaje decisivo en nuestra vida: "El que cree en mí, tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día". El que no cree, supongo yo, se acabará como un árbol que cae a la vera del camino y desaparece para siempre.

Volvamos a la pregunta inicial. ¿Cuántos quedamos?

Para responder acertadamente conviene recordar la doble dimensión de la Iglesia: es un hecho social humano y, a la vez, un hecho sobrenatural divino, dimensión esta que sólo se percibe con la fe.

Como hecho social, la Iglesia está sometida a las vicisitudes de la vida: ser exaltada y humillada, crecer y decrecer, como su Maestro. Pero, ¿podrá desaparecer? Si fuera sólo obra de los hombres, no sólo podría desaparecer sino que ya hubiera desaparecido hace siglos. Sus enemigos son muchos y poderosos y se han propuesto muchas veces acabar con ella, como el Sanedrín, que quiso muchas veces acabar con Jesús.

Respondamos clara y enfáticamente: la Iglesia no puede desaparecer, ni se acabará, porque es obra de Dios. Recordemos el siguiente pasaje de la primitiva Iglesia. El Sanedrín, reunido en pleno, para decidir si daba muerte a los Apóstoles que se empeñaban en predicar la resurrección de Jesús, contra una orden expresa de callar, volvió todas sus miradas hacia el autorizado Nicodemo. "Este mandó que hicieran salir a los Apóstoles del recinto, y les dijo: ¿Qué vais a hacer con estos hombres? Recordad que en los últimos tiempos se han presentado un tal Teudas y un Judas galileo; reunieron mucha gente, perecieron y se acabó su movimiento. Ahora pues, os digo: desentendeos de estos hombres y dejadlos libres. Porque si esta obra es obra de los hombres, fracasará. Pero si es obra de Dios, no conseguiréis destruirla. No sea que os encontréis luchando contra Dios. Y aceptaron su parecer" Hechos, 5,34.

La Iglesia surgió hace veinte siglos y los hombres no hemos podido acabar con ella. La crisis actual es aguda y severa, pero la Iglesia ha atravesado crisis peores y, como el ave fénix, resucita cada vez más crecida y audaz.

Otro hecho interesante es ver la actuación de Jesús ante la desbandada de discípulos, escandalizados con su doctrina sobre la Eucaristía. Muchos de ellos, al oírle, dijeron: "Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo? Desde entonces, muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús dijo entonces a los doce apóstoles: ¿También vosotros queréis marcharos?" Juan, 6,60 ss.

Recientemente, la Iglesia ha presenciado, con dolor y serenidad, dos desbandadas de fieles: primera, a raíz de la encíclica Humanae Vitae sobre la regulación de la natalidad, en 1968. Muchas parejas de matrimonios de todo el mundo católico abandonaron la Iglesia. No entendieron que podían disentir de la encíclica y seguir siendo buenos católicos. Jesús respeta la libertad de los suyos como nadie. El seguimiento de Jesús debe ser libre y generoso hasta el final.

La segunda crisis es la actual, el abuso de niños, con el consiguiente escándalo de los medios y la desbandada, no muy consecuente, de muchos católicos. Digo 'no muy consecuente', porque el hecho de que haya caídas lamentables entre el clero no justifica abandonar la Iglesia. Si estoy afiliado a un club social, no me retiro porque unos cuantos socios cometieron faltas graves. O bien, si necesito médico, no renuncio al hospital, porque unos pocos médicos han abusado de algunos pacientes en sus piezas. No se sigue. Mi salud espiritual, por un lado, y las caídas de unos cuantos curas, por otro.

Lo que cuenta no es el número. Lo que de veras cuenta es perseverar hasta el final. Jesús fue explícito: "Quien perseverare hasta el fin será salvo".

Alfonso Llano Escobar

Tomado de El Tiempo  -  http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonsollanoescobar/cuantos-quedamos_7690301-1