Junio 26 de 2010
Hoy: 50 años de la píldora anticonceptiva
La idea de controlar la fecundidad de la mujer es muy antigua, pero tan solo el 23 de junio del año 1960, cuando la FDA de USA aprobó el uso de la píldora, entró la humanidad en un proceso de verdadero control de la natalidad.
Desde entonces, millones de mujeres de todo el mundo recurren a la píldora para hacerse dueñas de la fecundidad del acto conyugal. Sencillamente, el ser humano llegaba técnicamente a separar los dos fines primarios del matrimonio: amor sexual unitivo y procreación.
Podía expresar el amor cuantas veces le pareciera, sin tener que cargar con las consecuencias del hijo. Separación que significaba un arma de dos filos: control responsable y descontrol irresponsable. La píldora abría este doble cauce, esta doble posibilidad, tal como lo comprueban los cincuenta años de experiencia.
Pero lo que para la ciencia era asunto meramente técnico, para la Iglesia católica constituía un problema moral de fondo. ¿Era lícito separar los dos fines? Si durante siglos venía enseñando que la sexualidad desembocaba en el matrimonio y este en la procreación, ¿cómo iba a permitir tan fácilmente que lo que justificaba tanto el matrimonio como el acto conyugal, vale decir, la procreación, ahora quedara al arbitrio de los esposos? ¿Con qué criterio iban los moralistas católicos a controlar la vida sexual?
Tal fue la objeción que el moralista Zalba le presentó al papa Pablo VI, en audiencia personal, poco después de que el documento conciliar GS, en su número 51, separara los dos fines del matrimonio. "Se va a pique toda la moral sexual de la Iglesia", le comentó Zalba al Papa.
A partir de ese momento, resolvió Pablo VI sacar una encíclica que volviera a la situación anterior al Concilio: "Todo acto conyugal debería quedar abierto a la procreación".
¿La autoridad del Papa por encima del Concilio? De hecho, sí, ¿pero, de derecho? Esta intervención de Zalba explica por qué el Papa desoyó la conclusión de la mayoría de la comisión encargada por Juan XXIII de estudiar el problema de la población y del control de la natalidad, compuesta por seis miembros, y ampliada por Pablo VI a más de setenta, conclusión de la notable mayoría a favor de la regulación artificial de la natalidad.
El problema para las parejas católicas estaba a la vista: una encíclica que obligara a los esposos a que todo acto conyugal quedara abierto a la procreación cerraba la puerta a la píldora anticonceptiva.
Pero, a pesar de todo, la encíclica fue firmada el 25 de julio de 1968: fue 'bomba atómica' que explotó en todo el mundo y que conmovió los cimientos de la opinión pública, católica y no católica. Muchos obispos se rindieron y acataron fervorosamente la encíclica sin preocuparse por el alejamiento de la Iglesia de muchas parejas.
No así el cardenal arzobispo de Colonia, Alfred Frings, quien consultó a un profesor joven de Tubinga la forma de defender la conciencia de las parejas frente a la encíclica, en vísperas de su aparición. Y la respuesta del joven teólogo, hoy Benedicto XVI, no se hizo esperar: "Aun por encima del Papa, como expresión de lo vinculante se halla la propia conciencia, a la que hay que obedecer ante todo, si fuere necesario, incluso contra lo que diga la autoridad eclesiástica". Frings quedó satisfecho y, aplicando el consejo del joven teólogo de Tubinga, defendió a miles de parejas católicas de abandonar la Iglesia. Se puede disentir sensatamente de un documento del Magisterio de la Iglesia sin tener que dejar la Iglesia ni privarse de los sacramentos. La conciencia bien formada ante todo.
Y en este sentido respondió la Congregación para el Clero de la Santa Sede ante la demanda de unos sacerdotes católicos de la diócesis de Washington, privados del ejercicio sacerdotal por su obispo, cardenal O'Boyle, por disentir de dicha encíclica. "En el análisis final, la conciencia es inviolable, y el hombre no debe ser forzado a actuar de forma contraria a su conciencia, como afirma la tradición moral de la Iglesia", fue la respuesta de la Congregación.
Cincuenta años de píldora, 50 años de regulación artificial de la natalidad, 50 años de primacía de la conciencia.




