miércoles, 21 de octubre de 2009

Hallan 32 nuevos planetas por fuera del Sistema Solar

Hallan 32 nuevos planetas por fuera del Sistema Solar

Los astrónomos calcularon el tamaño de los exoplanetas gracias a sus movimientos, lo que permitió hacer recreaciones como esta.

Foto: Efe

Los astrónomos calcularon el tamaño de los exoplanetas gracias a sus movimientos, lo que permitió hacer recreaciones como esta.

Según los científicos, hay más de 400, entre los que siguen buscando uno similar a la Tierra.

Astrónomos europeos anunciaron el descubrimiento de 32 nuevos planetas orbitando fuera de nuestro sistema solar y señalaron que la revelación puede implicar que el 40 por ciento o más de las estrellas similares al Sol tienen este tipo de cuerpos celestes.

Los especialistas explicaron que los planetas varían en tamaño, desde alrededor de cinco veces la Tierra hasta unas cinco veces la magnitud de Júpiter.

Y añadieron que también habían hecho otros descubrimientos, por lo cual se pueden esperar nuevos anuncios más adelante.

Con los recientes hallazgos suman ya 400 los exoplanetas conocidos, dijo Stephane Udry, del Observatorio de Ginebra en Suiza. "Más del 40 por ciento de las estrellas como el Sol tiene planetas de masa baja", agregó Udry.

El equipo usó el Buscador de Planetas por Velocidad Radial de Alta Precisión (HARPS, por sus siglas en inglés), un espectrógrafo instalado en el telescopio de 3,6 metros de La Silla, en Chile, del Observatorio de Europa del Sur.

El espectrógrafo no transmite directamente las imágenes de los planetas, pero los científicos pueden calcular su tamaño y masa al detectar pequeños cambios en la oscilación de las estrellas, causados por la pequeña fuerza gravitacional de un planeta.

Los astrónomos buscan planetas similares a la Tierra porque son los que tienen más probabilidad de albergar vida. Este hallazgo, según los científicos del Observatorio, ayudará a comprender mejor el Sistema Solar y el Universo. El HARPS ha detectado 75 planetas orbitando 30 estrellas diferentes.

REUTERS


http://www.eltiempo.com/vidadehoy/ciencia/hallan-32-nuevos-planetas-por-fuera-del-sistema-solar_6402587-1


sábado, 3 de octubre de 2009

Te basta mi gracia

¡Te basta mi gracia!
2 Cor 12, 7-9:
12:7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera;
12:8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí.
12:9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.





Te basta mi gracia

Autor: Padre Francisco Fernández Carvajal

Con permiso de: Ediciones Palabra y del autor  

 

           — El Señor nos presta su ayuda para superar los obstáculos, las tentaciones y las dificultades.

           — «Si quieres, puedes».

           — Medios que debemos poner en las tentaciones.

I. En la Segunda lectura1 de la Misa nos muestra San Pablo su profunda humildad. Después de hablar a los de Corinto de sus trabajos por Cristo y de las visiones y revelaciones del Señor, les declara también su debilidad: para que no me engría, me fue clavado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás, para que me abofetee, y no me engría.

No sabemos con seguridad a qué se refiere San Pablo cuando habla de este aguijón de la carne. Algunos Padres (San Agustín) piensan que se trata de una enfermedad física particularmente dolorosa; otros (San Juan Crisóstomo) creen que se refiere a las tribulaciones que le causan las continuas persecuciones de que es objeto; y algunos (San Gregorio Magno) opinan que se refiere a tentaciones especialmente difíciles de rechazar2. De todas formas, es algo que humilla al Apóstol, que entorpece en cierto modo su tarea de Evangelizador.

San Pablo había pedido al Señor por tres veces que apartara de él ese obstáculo. Y recibió esta sublime respuesta: Te basta mi gracia, porque la fuerza resplandece en la flaqueza. Para superar esa dificultad le basta la ayuda de Dios, y sirve además para poner de manifiesto el poder divino que le permite superarla. Al contar con la ayuda de Dios es más fuerte, y esto le hace exclamar: por eso, con sumo gusto me gloriaré más todavía en mis flaquezas, en los oprobios, en las necesidades, en las persecuciones y angustias, por Cristo; pues cuando soy débil, entonces soy fuerte. En nuestra debilidad experimentamos constantemente la necesidad de acudir a Dios y a la fortaleza que de Él nos viene. ¡Cuántas veces nos ha dicho el Señor en la intimidad de nuestro corazón: Te basta mi gracia, tienes mi ayuda para vencer en las pruebas y dificultades!

Alguna vez quizá experimentemos de modo especialmente vivo la soledad, la flaqueza o la tribulación: «Busca entonces el apoyo del que ha muerto y resucitado. Procúrate cobijo en las llagas de sus manos, de sus pies, de su costado. Y se renovará tu voluntad de recomenzar, y reemprenderás el camino con mayor decisión y eficacia»3.

Las mismas debilidades y flaquezas se pueden convertir en un bien mayor. Santo Tomás de Aquino, al comentar este pasaje, explica que Dios puede permitir en ocasiones ciertos males de orden físico o moral para obtener bienes más grandes y más necesarios4. Nunca nos dejará el Señor en medio de las pruebas. Nuestra misma debilidad nos ayuda a confiar más, a buscar con más presteza el refugio divino, a pedir más fuerzas, a ser más humildes: «¡Señor!, no te fíes de mí. Yo sí que me fío de Ti. Y al barruntar en nuestra alma el amor, la compasión, la ternura con que Cristo Jesús nos mira, porque Él no nos abandona, comprenderemos en toda su hondura las palabras del Apóstol: virtus in infirmitate perficitur (2 Cor 12, 9); con fe en el Señor, a pesar de nuestras miserias –mejor con nuestras miserias–, seremos fieles a nuestro Padre Dios; brillará el poder divino, sosteniéndonos en medio de nuestra flaqueza»5.

II. Me fue clavado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás, para que me abofetee... Parece como si San Pablo sintiera aquí de una manera muy viva sus limitaciones, junto a las ocasiones en las que ha contemplado la grandeza de Dios y de su misión de Apóstol. También nosotros algunas veces hemos entrevisto en la vida «metas generosas, metas de sinceridad, metas de perseverancia.... y, sin embargo, tenemos como metida en el alma, como en lo más hondo de lo que somos, una especie de raíz de debilidad, de falta de fuerza, de oscura impotencia... y esto algunas veces nos tiene tristes y decimos: no puedo»6. Vemos lo que el Señor espera de nosotros en esa situación o en aquellas circunstancias, pero quizá nos encontramos débiles y cansados ante las pruebas y dificultades que debemos superar: «La inteligencia –iluminada por la fe– te muestra claramente no solo el camino, sino la diferencia entre la manera heroica y la estúpida de recorrerlo. Sobre todo, te pone delante la grandeza y la hermosura divina de las empresas que la Trinidad deja en nuestras manos.

»El sentimiento, en cambio, se apega a todo lo que desprecias, incluso mientras lo consideras despreciable. Parece como si mil menudencias estuvieran esperando cualquier oportunidad, y tan pronto como –por cansancio físico o por pérdida de visión sobrenatural– tu pobre voluntad se debilita, esas pequeñeces se agolpan y se agitan en tu imaginación, hasta formar una montaña que te agobia y te desalienta: las asperezas del trabajo; la resistencia a obedecer; la falta de medios; las luces de bengala de una vida regalada; pequeñas y grandes tentaciones repugnantes; ramalazos de sensiblería; la fatiga; el sabor amargo de la mediocridad espiritual... Y, a veces, también el miedo: miedo porque sabes que Dios te quiere santo y no lo eres.

»Permíteme que te hable con crudeza. Te sobran "motivos" para volver la cara, y te faltan arrestos para corresponder a la gracia que Él te concede, porque te ha llamado a ser otro Cristo, "ipse Christus!" —el mismo Cristo. Te has olvidado de la amonestación del Señor al Apóstol: "¡te basta mi gracia!", que es una confirmación de que, si quieres, puedes»7.

Te basta mi gracia. Son palabras que hoy el Señor dirige a cada uno de nosotros para que nos llenemos de fortaleza y de esperanza ante las pruebas que tengamos delante. Nuestra misma debilidad nos servirá para gozarnos en el poder de Cristo, nos enseñará a amar y sentir la necesidad de estar siempre muy cerca de Jesús. Las mismas derrotas, los proyectos incumplidos nos llevarán a exclamar: Cuando soy débil, entonces soy fuerte, porque Cristo está conmigo.

Cuando la tentación o los contratiempos o el cansancio se hagan mayores, el demonio tratará de insinuarnos la desconfianza, el desánimo, el descamino. Por eso, hoy debemos aprender la lección que nos da San Pablo: Cristo está entonces especialmente presente con su ayuda; basta que acudamos a Él. Y también podremos decir con el Apóstol: Con sumo gusto me gloriaré más todavía en mis flaquezas, en los oprobios, en las necesidades, en la persecuciones y angustias, por Cristo....

III. Sería temerario desear la tentación o provocarla, pero sería un error el temerla, como si el Señor no nos fuera a proporcionar su asistencia para vencerla. Podemos aplicarnos confiadamente las palabras del Salmo: Te enviará a su ángeles para que te guarden en todos tus caminos, // y ellos te llevarán en sus manos para que no tropieces en las piedras. // Pisarás sobre áspides y víboras, y hollarás al león y al dragón. // Porque me amó, Yo le salvaré; Yo le defenderé porque confesó mi nombre. // Me invocará y Yo le oiré, estaré con él en la tribulación, le sacaré y le honraré. // Le saciaré de días y le daré a ver mi salvación8.

Pero, a la vez, el Señor nos pide prevenir la tentación y poner todos los medios a nuestro alcance para vencerla: la oración y mortificaciones voluntarias; huir de las ocasiones de pecado, pues el que ama el peligro perecerá en él9; llevar una vida laboriosa de trabajo continuo, cumpliendo ejemplarmente los deberes profesionales y cambiando de actividad en el descanso; fomentar un gran horror a todo pecado, por pequeño que parezca; y, sobre todo, esforzándonos por aumentar en nosotros el amor a Cristo y a Santa María.

Combatimos con eficacia abriendo el alma en la dirección espiritual cuando comienza a insinuarse la tentación de la infidelidad, «pues manifestarla es ya casi vencerla. El que revela sus propias tentaciones al director espiritual puede estar seguro de que Dios otorga a este la gracia necesaria para dirigirle bien (...).

»No creamos nunca que la tentación se combate poniéndonos a discutir con ella, ni siquiera afrontándola directamente (...). Apenas se presente, apartemos de ella la mirada para dirigirla al Señor que vive dentro de nosotros y combate a nuestro lado, que ha vencido el pecado; abracémonos a Él en un acto de humilde sumisión a su voluntad, de aceptación de esa cruz de la tentación (...), de confianza en Él y de fe en su proximidad, de súplica para que nos transmita su fuerza. De este modo la tentación nos conducirá a la oración, a la unión con Dios y con Cristo: no será una pérdida, sino una ganancia. Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman (Rom 8, 28)»10.

De las pruebas, tribulaciones y tentaciones podemos sacar mucho provecho, pues en ellas demostraremos al Señor que le necesitamos y que le amamos. Nos encenderán en el amor y aumentarán las virtudes, pues no solo vuela el ave por el impulso de sus alas, sino también por la resistencia del aire: de alguna manera, necesitamos obstáculos y contrariedades para que crezca nuestro amor. Cuanto mayor sea la resistencia del ambiente o de las propias flaquezas para ir adelante en el camino, más ayudas y gracias nos dará Dios. Y Nuestra Madre del Cielo estará siempre muy cerca en esos momentos de mayor necesidad: no dejemos de acudir a su protección maternal.

1 2 Cor 12, 7-10. — 2 Cfr. Sagrada Biblia, vol. VII, Epístolas de San Pablo a los Corintios, EUNSA, Pamplona 1984, in loc. — 3 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, Rialp, Madrid 1981, XII, n. 2. — 4 Santo Tomás. Comentario a la Segunda Carta a los Corintios, in loc. — 5 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 194. — 6 A. García Dorronsoro, Apuntes de esperanza, Rialp, Madrid 1974, p. 123. — 7 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 166. — 8 Sal 90, 11 ss. — 9 Eclo 3, 27. — 10 B. Baur, En la intimidad con Dios, Barcelona 1975, pp. 121-122.

Nota: Ediciones Palabra (poseedora de los derechos de autor) sólo nos ha autorizado a difundir la meditación diaria a usuarios concretos para su uso personal, y no desea su distribución por fotocopias u otras formas de distribución.


Tomado de: http://www.homiletica.org/franciscofernandez0656.htm



martes, 29 de septiembre de 2009

Después de la tempestad... Un alto en el camino - Alfonso Llano Escobar, S. J.

Octubre 12 de 2007

Después de la tempestad...

Seguiré en la Compañía de Jesús, en la Iglesia y en sumisión a Jesucristo.

Mis amigos me preguntan con frecuencia: "¿Cómo está? ¿Cómo van las cosas? ¿Sí va a salir el libro?". No faltaron unos exaltados que me importunaron diciendo: "Rebélese"; "Sálgase de la Compañía"; "Para qué sigue en esa Iglesia que así lo trata"; "Le ofrezco asilo en mi casa". Y bellezas por el estilo, frases de una amistad generosa, pero mal entendida. Juzgo oportuno darles alguna información y hacer un somero balance de los resultados.

Empiezo reconociendo que mi artículo de marras fue duro, pero necesario. Dije la verdad, una verdad cruda, reacción impetuosa a una carta del superior, también dura, quien hubiera evitado la 'erupción del volcán' si recurre al diálogo, como lo viene haciendo recientemente. Pasada la tormenta, creo que no todo fue vendaval y desolación; también se dieron resultados positivos. Resumo algunos: lo oculto se hizo manifiesto y convenía; aprendimos la ventaja del diálogo sobre las cartas; se dieron espacios suficientes para conocer con calma las razones de los superiores; se dio un buen paso hacia la toma de conciencia de la libertad y del reconocimiento de los derechos de los súbditos, entre otros. Es otra de las verdades que van haciendo camino: no solo los superiores cuentan con derechos. También los súbditos somos ciudadanos.

¿Cuáles son las razones de los superiores para diferir la publicación del libro? Que está próximo el Capítulo General de la Orden, que se reunirá en Roma en enero, para elegir un nuevo Superior General y tratar asuntos importantes de la Comunidad; y que, por lo tanto, no conviene producir hechos que vayan a crear tensión entre los jesuitas y la Santa Sede. Y uno podría ser este libro. Vaya usted a ver. Traté de entrar en la lógica de los superiores y acepté; llamé al editor y le pedí suspender la impresión del libro; entendió y también acató respetuoso. Es posible que algunos amigos no estén bien iniciados en las cosas de Dios. Les ruego olvidar y seguir adelante.

Apareció algo de fondo que se dejó ver en la tormenta y que quiero aclarar. Hablo de un cambio que se viene dando hace un par de siglos conocido como la democratización de la sociedad, proceso que empezó con la Declaración de los Derechos del Hombre y el lema "Libertad, Fraternidad, Igualdad". Desde entonces se vienen haciendo declaraciones de derechos y de toma de conciencia de la dignidad de la persona humana y de su sensata autonomía, reconocida por el Concilio Vaticano II GS 36. La Constitución del 91 consagró la tutela, que ha servido a millones de colombianos para sentirse ciudadanos libres y adultos. Pero un hecho bastante ignorado es que tales derechos no han sido reconocidos aún a religiosos, religiosas y sacerdotes. Seguimos siendo tratados como menores, sin derechos que nos igualen a los demás. ¿Será que somos ciudadanos de segundo orden?Nuestra vida y acciones se rigen por el Derecho Canónico, no por el Civil ni por la Constitución. ¡A dónde se puede llegar con estos criterios! Ya es hora de despertar y exigir que nuestra vida se rija también por la Constitución y el Derecho Civil. Que se nos trate por el fuero ordinario, como a cualquier ciudadano, no como a menores de edad, dizque protegidos por un Derecho que sólo favorece a las autoridades.

Aprovecho para aclarar el titular amarillista con el que apareció una entrevista que me hizo EL TIEMPO el 15 de septiembre: 'Jesucristo no resucitó. Fue exaltado'. El entrevistador -que debiera cambiar de oficio- no entendió que era asunto de palabras, no de fondo. El vocablo resurrección, seguido de ascensión, responde a un paradigma planetario ya obsoleto. Jesús, una vez muerto, pasó a Dios. Su cadáver, hablando con propiedad teológica, no salió del sepulcro ni subió al cielo. Ya Juan Pablo II aclaró que el cielo no está en las alturas.

Termino diciendo con satisfacción e inmensa gratitud: sigo y seguiré hasta mi muerte en la Compañía de Jesús, en la Iglesia Católica y en alegre sumisión a Jesucristo. Felizmente, después de la tempestad viene la calma. Laus Deo.

 

Alfonso Llano Escobar, S. J.



viernes, 4 de septiembre de 2009

El valor del cuidado de sí - Nota de eltiempo.com


UNA CONDICIÓN PARA EL CUIDADO DE OTROS
El valor del cuidado de sí
Ese misterioso conversar con el cuerpo, con el alma y con las señales que emiten demanda tiempo.   http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-3768970


 

UNA CONDICIÓN PARA EL CUIDADO DE OTROS

El valor del cuidado de sí

Florence Thomas. Columnista de EL TIEMPO.

Ese misterioso conversar con el cuerpo, con el alma y con las señales que emiten demanda tiempo.

El cuidado de los otros y de las otras ha sido secularmente un oficio asignado y asumido por mujeres tanto en tiempos de paz como -y con mayor énfasis- en tiempos de guerra. Ese oficio ligado al acontecer cotidiano es lo que la filosofía contemporánea ya reconoce como el germen de las hoy llamadas éticas del cuidado y que la economía y otros campos del saber interpretan como economías del cuidado.

Ese oficio silencioso que recorre los pasillos y cuartos de los hospitales, que acompaña los lugares de socialización de la infancia, que dispone diariamente la preparación de los alimentos calmando el hambre del mundo, que contribuye a la limpieza del planeta y no precisamente a la "limpieza social", es una apuesta permanente por la vida y constituye una reserva ética que se empieza a reconocer como patrimonio de la humanidad. Las mujeres lo han sabido demostrar, pues la mayoría de las iniciativas de paz en el mundo y muy particularmente en esta Colombia adolorida son lideradas por ellas.

Y aquí, desde las cuatro paredes de mi alcoba en las cuales trato de reencontrar el hilo algo perdido del diálogo con este cuerpo mío que me acaba de hacer una mala jugada, quiero recordarles a todas las mujeres ese primer deber del cuidado de sí mismas; a mis amigas activistas de derechos humanos, militantes políticas, distribuidoras incansables de servicios a la comunidad, a todas estas mujeres que conozco que tienen tres o más jornadas de trabajo, a esas de múltiples manos para tejer la vida y distribuir cuidados a diestra y siniestra, y a todos los hombres que se han rebelado contra las lógicas que sitúan el cuidado en un lugar secundario y que han asumido que el cuidado de sí mismos está también en sus manos.

El cuidado de sí, que tal vez podríamos definir como ese misterioso conversar con el cuerpo, con el alma y con las señales que emiten, demanda ese tiempo socialmente necesario no solo para el vivir con los ritmos impuestos por las lógicas contemporáneas del mercado sino para el existir. Cuidarse a sí mismos y a sí mismas connota una firme rebeldía contra esa cara oculta de los nuevos aparatos como el fax, el Internet, el celular y demás inventos similares que al convertirse en instrumentos de trabajo diario, prolongan indefinidamente la jornada laboral y terminan por devorar el sentido mismo de la existencia.

El cuidado de sí debería ser condición para el cuidado de los otros, de las otras y del mundo. Las acciones y decisiones que definen los rumbos de las instituciones, de las regiones y de las naciones deberían inspirarse y acompañarse siempre de prácticas de cuidado. La sostenibilidad de las propuestas de paz está en relación directa con sus aportes a la construcción del cuidado como un valor, es decir, como la dimensión práctica de la solidaridad.

Desde el lugar donde me encuentro, estoy buscando responder a este propósito: bajar el ritmo de trabajo, no volver a meterme en un avión a las seis de la mañana para regresar a Bogotá a las tres de la tarde y correr a una reunión a las cinco; aprender a decir no, cuando mi cuerpo, mucho más sabio que mi pasión por el trabajo, lo señale; almorzar con calma, mezclando las sensaciones del paladar con los sabores de una cálida conversación; encontrar el tiempo para caminar y alzar la mirada hacia el verde de las montañas que rodean esta ciudad contaminada.

Quiero aprovechar esta columna convaleciente para agradecer todas las manifestaciones de solidaridad recibidas durante estas tres semanas. Gracias a las centenares de amigas y de amigos que están ayudando a mi recuperación. Deseo expresarles que seguiré haciendo lo que sé hacer y amo hacer y aun cuando sea con algo menos de afán, será con el mismo entusiasmo que requiere la apuesta por otros mundos posibles.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

Florence Thomas

¡Soy libre! UN ALTO EN EL CAMINO Alfonso Llano Escobar S.J.

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3801516.html

Noviembre 3 de 2007 - UN ALTO EN EL CAMINO

¡Soy libre!

Somos millares, somos millones los que nos inspiramos y fundamos en la libertad de Cristo.

Aquí quería llegar, como a la meta de mi larga y dichosa peregrinación en la fe católica, como fruto maduro de una siembra de trigo candeal, que estuvo dolorosamente oculto en la gleba de mi espíritu durante más de ochenta años, grano sembrado por la mano de Dios en el surco del Corazón de Cristo, que habita en mí desde niño y me hace partícipe de su victoria sobre las cadenas rotas y verdugos múltiples que quisieron silenciarlo. Pero no, me grita él, que es Verbo eterno de Dios, por boca de san Pablo: "La Palabra de Dios no está encadenada." (2 Tim 2,10) ¡Viva la libertad! que brota a borbotones de la fe en Cristo Jesús. SOY LIBRE.

"Soy libre, aún ante el verdugo", gritó el filósofo francés, y no le faltaba razón, tanta menos al cristiano. Ese verdugo que me traía atormentado, dragón de siete cabezas, era en primer término mi ego, que nunca ha cejado de atormentarme, como verdugo interior que se asoma a cada instante por la ventana de mi cuerpo. Y a pesar de torturarme a cada instante, no ha podido someterme a la esclavitud sexual. Dígase lo mismo del verdugo dinero, del verdugo licor, del verdugo amargura, depresión y tristeza. Me siento libre frente a tantos enemigos que han tratado de hundirme y no han podido. Me siento libre frente a todos mis verdugos. No han podido vencerme porque he confiado en Aquel que conquistó la libertad para sí y para quienes ponemos en él toda nuestra confianza.

Por este motivo, no me siento solo. Somos millares, somos millones los que nos inspiramos y fundamos en la libertad de Cristo, conquistada con su sangre, con la obediencia a la voluntad de su Padre. Soy libre, no rebelde ni desobediente. Al contrario, este grito de libertad brota de mi fe en Jesucristo y de mi obediencia al Espíritu del Padre.

Me confirman en esta libertad, fuera de mi fe en Jesucristo, el Art. 18 de la Constitución colombiana que reza: "Todo ciudadano posee el derecho a expresar libremente su pensamiento". Este derecho a la libertad de expresión es inalienable y anterior al voto de obediencia.

Pero hay algo más. Decreta el Concilio Vaticano II en su Documento Gaudium et Spes: "Debe reconocerse a los fieles la justa libertad de investigación, la libertad de pensar y expresar humilde y valerosamente su manera de ver en aquellas materias que son de su competencia". GS n 62.

Y en la Declaración sobre Libertad Religiosa, enseñan los padres conciliares: "Se injuria, por tanto, a la persona humana y al orden establecido por Dios para los hombres cuando se niega al hombre el libre ejercicio de su religión en la sociedad, siempre que se respete el justo orden público". DH n 3.

Juan Pablo II, siendo arzobispo de Cracovia (Polonia), enseñó: "La uniformidad en el pensar mata a la comunidad. Cualquier comunidad necesita oposición leal".

Y siendo Papa añadió: "Que no se ataque ni se haga callar a quien no comparte nuestras opiniones".

Queridos amigos católicos: siéntanse libres. No es cierto que para ser auténticamente libres haya que salirse de la Iglesia. Aquí es donde nace nuestra verdadera libertad y aquí es donde debemos ejercitarla. "Para ser libres nos libertó Cristo", les recuerda san Pablo a los gálatas (Gal 5,1). "No recaigan en la esclavitud: permanezcan libres".

Piensen y obren según su conciencia. Enseña magistralmente el actual Pontífice cuando aún no lo era, con mayor razón ahora: "Aun por encima del Papa, como expresión vinculante se halla la propia conciencia, a la que hay que obedecer ante todo, si fuere necesario, incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica".

Para confirmar lo anterior, recuerdo la respuesta de la Congregación para el Clero en el caso de Washington (1971), donde algunos sacerdotes que disentían en conciencia de la encíclica Humanae Vitae, fueron privados del ejercicio sacerdotal. Falló esta Congregación: "En el análisis final, la conciencia es inviolable, y el hombre no debe ser forzado a actuar de forma contraria a su conciencia, como lo afirma la tradición moral de la Iglesia".

Fundado en todos estos principios y valores, hoy puedo gritar: "SOY LIBRE".

¿Existe el infierno? UN ALTO EN EL CAMINO - Alfonso Llano Escobar, S. J.

 
 
UN ALTO EN EL CAMINO

¿Existe el infierno?

Alfonso Llano Escobar, S. J.

Más columnas de opinión

El hombre moderno, más allá de los sustos, quiere saber en qué puede terminar el drama de la existencia humana.

De veras, ¿existe el infierno? La duda acosa a creyentes y no creyentes. Sin querer queriendo, unos y otros prestan atención a lo que afirman los papas, lamentablemente apoyándose en las noticias superficiales y desorientadoras de los medios, que gustan de enfrentar a Benedicto XVI: "Sí existe el infierno. Hay cupos todavía", con Juan Pablo II: "No existe el infierno... como lugar en el espacio". Lo cierto es que no hay contradicción pontificia en algo tan esencial para todo ser humano: su destino final irrevocable. La oposición entre los papas sólo está en la mente de quienes gustan de atizar el fuego y levantar escándalo donde no hay lugar para ello.

La solución de la aparente contradicción es no dejarse desorientar por comentarios callejeros e ir al fondo de los textos oficiales. Juan Pablo II, inusitadamente avanzado, según el actual paradigma planetario, afirmó que el infierno sí existe pero no ocupa lugar en este orden cósmico, ya que es un estado interior de la persona más allá del presente, según la decisión que haya tomado en vida frente a Dios. En pocas palabras, declaró caducada la imaginería medieval en la que incurrió el mismo Dante en su Divina Comedia: no tuvo empacho el inspirado poeta en poner en lo más profundo del infierno a todos sus enemigos. Pero se cuidó de enseñar algo esencial: "Los que aquí entráis, perded toda esperanza". El hombre moderno, más frío y calculador, no se asusta por descripciones de tiempos medievales y quiere saber, más allá de los sustos, en qué terminará el drama de la vida humana.

Vengamos a Benedicto XVI. Al abrir la cuaresma de este año invita a católicos y no católicos a la conversión del corazón; dice a todos los seres humanos, con algo de imaginación, que siempre ayuda: "Sí hay infierno; todavía quedan cupos". El que estas frases anden de boca en boca de católicos y no católicos prueba que la imaginación nunca pierde actualidad y sirve para dar que hablar y pensar aun a los alejados de la fe: sí es posible la frustración eterna, evitémosla creyendo en Dios y sirviendo al prójimo.

Ya que el tema está sobre el tapete, trataré de aportar alguna aclaración sobre él. La verdad de fondo, que debe tener presente todo ser humano, por si acaso, es que la vida presente está amenazada por la posibilidad real de un fracaso eterno; ella reside en que el ser humano puede disponer libremente de sí mismo reconociendo a Dios y amando al prójimo, o puede rechazar libremente a Dios y causar daño al prójimo, y por ello, frustrarse definitivamente.

Shakespeare, frente a la duda de seguir viviendo o poner libre término a sus días ("To be or not to be, that is the question", Hamlet, 3/1), optó por seguir viviendo ante la posible frustración eterna. Si la templanza en el comer es aconsejable para mantener a distancia los problemas del corazón, tener a distancia las causas de la frustración eterna es saludable para arreglar las cuentas con Dios y mantener la paz del espíritu.

No existe ninguna revelación divina ni afirmación alguna del Magisterio de la Iglesia respecto a la forma concreta de entender la frustración definitiva. Hoy día, más maduros y deseosos de una doctrina sana y cierta sobre el infierno, es aconsejable no dar pábulo a la imaginación ni a las fantasías barrocas de tiempos idos (siguiendo la sana advertencia de Juan Pablo II), y aceptar el llamamiento de Benedicto XVI a prestar atención a la posibilidad de la frustración eterna. Seamos atentos a la invitación que nos hacen ambos papas a la reflexión y a la conversión.

Sin temor a equivocarnos, tenemos que confesar la doctrina de la seria Voluntad de Dios en ofrecer la salvación a todos los seres humanos y, a la vez, aceptar la doctrina cierta de la verdadera posibilidad de frustración, no por decisión de Dios sino por la libre elección de la persona.

Alfonso Llano Escobar, S. J.