UNA CONDICIÓN PARA EL CUIDADO DE OTROS
El valor del cuidado de sí
Ese misterioso conversar con el cuerpo, con el alma y con las señales que emiten demanda tiempo. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-3768970
UNA CONDICIÓN PARA EL CUIDADO DE OTROS
El valor del cuidado de sí
Florence Thomas. Columnista de EL TIEMPO.
Ese misterioso conversar con el cuerpo, con el alma y con las señales que emiten demanda tiempo.
El cuidado de los otros y de las otras ha sido secularmente un oficio asignado y asumido por mujeres tanto en tiempos de paz como -y con mayor énfasis- en tiempos de guerra. Ese oficio ligado al acontecer cotidiano es lo que la filosofía contemporánea ya reconoce como el germen de las hoy llamadas éticas del cuidado y que la economía y otros campos del saber interpretan como economías del cuidado.
Ese oficio silencioso que recorre los pasillos y cuartos de los hospitales, que acompaña los lugares de socialización de la infancia, que dispone diariamente la preparación de los alimentos calmando el hambre del mundo, que contribuye a la limpieza del planeta y no precisamente a la "limpieza social", es una apuesta permanente por la vida y constituye una reserva ética que se empieza a reconocer como patrimonio de la humanidad. Las mujeres lo han sabido demostrar, pues la mayoría de las iniciativas de paz en el mundo y muy particularmente en esta Colombia adolorida son lideradas por ellas.
Y aquí, desde las cuatro paredes de mi alcoba en las cuales trato de reencontrar el hilo algo perdido del diálogo con este cuerpo mío que me acaba de hacer una mala jugada, quiero recordarles a todas las mujeres ese primer deber del cuidado de sí mismas; a mis amigas activistas de derechos humanos, militantes políticas, distribuidoras incansables de servicios a la comunidad, a todas estas mujeres que conozco que tienen tres o más jornadas de trabajo, a esas de múltiples manos para tejer la vida y distribuir cuidados a diestra y siniestra, y a todos los hombres que se han rebelado contra las lógicas que sitúan el cuidado en un lugar secundario y que han asumido que el cuidado de sí mismos está también en sus manos.
El cuidado de sí, que tal vez podríamos definir como ese misterioso conversar con el cuerpo, con el alma y con las señales que emiten, demanda ese tiempo socialmente necesario no solo para el vivir con los ritmos impuestos por las lógicas contemporáneas del mercado sino para el existir. Cuidarse a sí mismos y a sí mismas connota una firme rebeldía contra esa cara oculta de los nuevos aparatos como el fax, el Internet, el celular y demás inventos similares que al convertirse en instrumentos de trabajo diario, prolongan indefinidamente la jornada laboral y terminan por devorar el sentido mismo de la existencia.
El cuidado de sí debería ser condición para el cuidado de los otros, de las otras y del mundo. Las acciones y decisiones que definen los rumbos de las instituciones, de las regiones y de las naciones deberían inspirarse y acompañarse siempre de prácticas de cuidado. La sostenibilidad de las propuestas de paz está en relación directa con sus aportes a la construcción del cuidado como un valor, es decir, como la dimensión práctica de la solidaridad.
Desde el lugar donde me encuentro, estoy buscando responder a este propósito: bajar el ritmo de trabajo, no volver a meterme en un avión a las seis de la mañana para regresar a Bogotá a las tres de la tarde y correr a una reunión a las cinco; aprender a decir no, cuando mi cuerpo, mucho más sabio que mi pasión por el trabajo, lo señale; almorzar con calma, mezclando las sensaciones del paladar con los sabores de una cálida conversación; encontrar el tiempo para caminar y alzar la mirada hacia el verde de las montañas que rodean esta ciudad contaminada.
Quiero aprovechar esta columna convaleciente para agradecer todas las manifestaciones de solidaridad recibidas durante estas tres semanas. Gracias a las centenares de amigas y de amigos que están ayudando a mi recuperación. Deseo expresarles que seguiré haciendo lo que sé hacer y amo hacer y aun cuando sea con algo menos de afán, será con el mismo entusiasmo que requiere la apuesta por otros mundos posibles.
* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad
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