miércoles, 3 de febrero de 2010

A FAVOR DE UNA ‘ESPIRITUALIDAD DE LA IMPERFECCIÓN’

Tomado de: http://www.dviop.org

 

A FAVOR DE UNA 'ESPIRITUALIDAD

DE LA IMPERFECCIÓN'

 

 De joven el gran maestro Matsu

era un fanático de sentarse a meditar durante

largas horas. Un día, su discípulo

patriarca Huai-jang le preguntó, qué esperaba

conseguir mediante esta compulsiva sesión

con las piernas cruzadas. 'Buddhahood'

(estado de Buda) respondió Mat-su. Acto

seguido Huai-jang se sentó, tomó un ladrillo

y comenzó a pulirlo aplicadamente. Mat-su

lo observó y perplejo le preguntó qué era lo

que hacía, «Oh –dijo Huaijang-,

estoy haciendo un

espejo de mi ladrillo». «Puedes

pulirlo hasta el día del

juicio final» -se burló Mat-su-

«nunca harás un espejo de

un ladrillo». «Ajá» –sonrió

Huai-jang-: «Tal vez estás

comenzando a entender que

aunque te sientes hasta el día

del juicio final, no te convertirás

en Buda».

Si tuviéramos que remplazar

'Buddhahood' por un

término cristiano, la traducción

probablemente sería:

estado de perfección. Sabemos

muy bien que –durante

siglos-, este término se

utilizó para describir y definir

lo que significa la vida religiosa.

Cientos de libros sobre guía

espiritual proporcionaron

«programas de formación» para religiosos

así como para «creyentes ordinarios»,

cursos de «cómo convertirse en perfecto»,

a menudo, muchos se referían a lo que Jesús

dijo en el Sermón de la Montaña: «Sean…

ustedes perfectos como es perfecto el

Padre de ustedes que está en el cielo.» No

hay duda: alcanzar la perfección ha puesto

en gran parte el tono en la espiritualidad

cristiana y estamos muy acostumbrados a

este enfoque.

Podrán imaginarse cuán atónito me quedé

cuando -algunos meses atrás-, exactamente

en la librería de nuestro Monasterio en Farmington

Hills, encontré un libro titulado 'The

Spirituality of Imperfection' (La espiritualidad

de la imperfección). Leí la contraportada

donde decía –entre otras observaciones-,

«Creo que este libro se acerca más al verdadero

significado de la espiritualidad que

cualquier otro libro que se haya visto en los

últimos veinte años.»

Como soy curioso, lo hojee; fue emocionante

cómo el autor proporcionaba una larga

tradición de esta espiritualidad

de la imperfección;

página tras página me atrajo

más y más.

¿Cuál es el punto de esta

espiritualidad? Exactamente

lo que la historia del inicio nos

dice: Nunca haremos un espejo

de un ladrillo, aún si lo

pulimos hasta el día del juicio

final. Esto significa: una

espiritualidad de la imperfección

acepta el hecho de que

somos seres humanos y

como tales –por definición-,

no somos perfectos y nunca

lo seremos.

Una espiritualidad de la

imperfección es una espiritualidad

de humildad pero no

tiene nada en común con el

servilismo. No se trata de

hacerse pequeño, se trata de

respetar al otro a través de tu aprecio.

Cuando te detienes en tu afán de ser perfecto

también dejas de esperar que los demás

sean perfectos. Abstenerte de esperar la

perfección puede abrir tus ojos para descubrir

la belleza humana de tu vecino, sus capacidades

y sus dones. Abstenerte de esperar la

perfección puede permitirte que finalmente

disfrutes de los caprichos y las ideas estrafalarias

de tus hermanos y hermanas dentro

y fuera de la Orden.

La historia del centurión

romano nos proporciona un maravilloso

ejemplo de esta espiritualidad de la imperfección.

Su afirmación principal, la afirmación

de la humildad y de la imperfección: «Señor,

yo no soy digno de que entres a mi casa».

Pero esta afirmación no es por servilismo,

no es para humillarse. En términos de clases

sociales este centurión romano no era un

'Don Nadie' y estaba consiente de ello: «Si

le digo a un hombre ve, el va, si a otro le

digo ven, él viene». Pero al utilizar las palabras

«No soy digno» él como un representante

de una super-potencia expresa su gran

estima por el Jesús judío, ciudadano de un

país ocupado y oprimido.

Humildad, aceptar la condición humana de

la imperfección de nunca poder hacer un

espejo de un ladrillo, una espiritualidad de la

imperfección, esto es lo que te puede conducir

a la auto-evaluación realista, así como

a una mayor autoestima, e incluso a una

mayor estima del otro.

«Regocíjate cada vez que descubras una

nueva imperfección» sugiere el guía espiritual

jesuita del siglo XVIII Jean-Pierre Caussade,

y continúa: «Si observamos que estamos

impacientándonos, podemos intentar llevar

nuestra impaciencia pacientemente. Si

perdemos la tranquilidad, podremos resistir

esa pérdida de tranquilidad. Si nos enojamos,

no debemos enojarnos con nosotros mismos

por habernos enojado. Si estamos descontentos,

podremos contentarnos con

nuestro descontento.» Caussade… insiste

que debemos desprendernos de todo, aún

de nuestro desprendimiento. Exactamente

esa frase fue utilizada de nuevo por nuestro

hermano Maestro Eckhart.

Existe un testigo aún más famoso por

dicha 'espiritualidad de la imperfección': san

Pablo. Cito lo siguiente de su segunda carta

a los Corintios: «Para que no creyera yo ser

más de lo que soy, por haber recibido revelaciones

tan maravillosas, se me dio un sufrimiento,

una especie de espina clavada en el

cuerpo, que como un instrumento de Satanás

vino a maltratarme. Tres veces le he

pedido al Señor que me quite ese sufrimiento;

pero el Señor me ha dicho: 'Mi amor es todo

lo que necesitas; pues mi poder se muestra

mejor en los débiles.' Así que

me alegro de ser débil, para que en mí se

muestre el poder de Cristo. Y me alegro

también de las debilidades… porque cuando

más débil me siento es cuando más fuerte

soy».

Hace menos de dos semanas fui invitado

a predicar con motivo del jubileo de profesión

de algunas hermanas dominicas de Betania.

Como lema para esta celebración escogieron

las palabras de nuestro Padre Lataste, el

fundador de su Congregación: «Pon toda tu

confianza en Dios.» Cuando hablamos acerca

de nuestras experiencias durante estos

cincuenta o cuarenta años de ser dominicos,

todos acordamos que hemos luchado mucho

para volvernos perfectos pero no hemos

tenido éxito. Más bien tuvimos que confesar

que hemos fallado una y otra y otra vez, y

reflexionando ahora, nos damos cuenta que

nos hicimos consientes de nuestras debilidades

y limitaciones, de nuestra imperfección.

Pero a pesar de nuestra imperfección tenemos

que confesar también que –poniendo

nuestra confianza en Dios-, muchas cosas

maravillosas se pueden lograr y que nuestras

vidas son algo más que sólo sobrevivir.

Coincidimos con la experiencia de san Pablo

ya que también fue la nuestra: puesto que

la gracia de Dios hacia nosotros es grande,

y porque Su poder se muestra mejor en los

débiles, tenemos razón de estar alegres de

nuestra debilidad e imperfección, pues cuando

somos débiles es cuando somos fuertes.

Justamente ayer, durante una conversación

con las hermanas del Monasterio de

Lunden, me contaban una costumbre entre

las mujeres noruegas de tejer los suéteres

típicos nórdicos con un diseño especial: ellas

a propósito se aseguran de que al menos

quede un pequeño defecto en sus artesanías,

esto es una especie de credo. Lo que intentan

expresar es: Dios en sí es perfecto, cada ser

humano al igual que sus trabajos siempre

serán imperfectos.

Concluyo deseando a cada uno de ustedes

que crezcan en la «espiritualidad de la imperfección

», para que podamos confiar aún más

en la gracia de Dios, la cual se proporciona

en abundancia a nuestros hermanos y hermanas,

así como a nosotros.

Manuel Merten op

ORIGINAL: INGLÉS

A favor de una "Espiritualidad de la Imperfección", Fray Manuel Merten, OP, Promotor General de las Monjas, de IDI, Enero de 2007, (IDI – Informaciones Dominicanas Internacionales - www.idi-op.org)

 

http://www.dviop.org/site//index.php?option=com_content&task=view&id=48&Itemid=46