miércoles, 1 de septiembre de 2010

Hoy: 50 años de la píldora anticonceptiva - Triunfo de la libertad de conciencia para decidir por encima de la enciclica

Junio 26 de 2010

Hoy: 50 años de la píldora anticonceptiva

La idea de controlar la fecundidad de la mujer es muy antigua, pero tan solo el 23 de junio del año 1960, cuando la FDA de USA aprobó el uso de la píldora, entró la humanidad en un proceso de verdadero control de la natalidad.

Desde entonces, millones de mujeres de todo el mundo recurren a la píldora para hacerse dueñas de la fecundidad del acto conyugal. Sencillamente, el ser humano llegaba técnicamente a separar los dos fines primarios del matrimonio: amor sexual unitivo y procreación.

Podía expresar el amor cuantas veces le pareciera, sin tener que cargar con las consecuencias del hijo. Separación que significaba un arma de dos filos: control responsable y descontrol irresponsable. La píldora abría este doble cauce, esta doble posibilidad, tal como lo comprueban los cincuenta años de experiencia.

Pero lo que para la ciencia era asunto meramente técnico, para la Iglesia católica constituía un problema moral de fondo. ¿Era lícito separar los dos fines? Si durante siglos venía enseñando que la sexualidad desembocaba en el matrimonio y este en la procreación, ¿cómo iba a permitir tan fácilmente que lo que justificaba tanto el matrimonio como el acto conyugal, vale decir, la procreación, ahora quedara al arbitrio de los esposos? ¿Con qué criterio iban los moralistas católicos a controlar la vida sexual?

Tal fue la objeción que el moralista Zalba le presentó al papa Pablo VI, en audiencia personal, poco después de que el documento conciliar GS, en su número 51, separara los dos fines del matrimonio. "Se va a pique toda la moral sexual de la Iglesia", le comentó Zalba al Papa.

A partir de ese momento, resolvió Pablo VI sacar una encíclica que volviera a la situación anterior al Concilio: "Todo acto conyugal debería quedar abierto a la procreación".

¿La autoridad del Papa por encima del Concilio? De hecho, sí, ¿pero, de derecho? Esta intervención de Zalba explica por qué el Papa desoyó la conclusión de la mayoría de la comisión encargada por Juan XXIII de estudiar el problema de la población y del control de la natalidad, compuesta por seis miembros, y ampliada por Pablo VI a más de setenta, conclusión de la notable mayoría a favor de la regulación artificial de la natalidad.

El problema para las parejas católicas estaba a la vista: una encíclica que obligara a los esposos a que todo acto conyugal quedara abierto a la procreación cerraba la puerta a la píldora anticonceptiva.

Pero, a pesar de todo, la encíclica fue firmada el 25 de julio de 1968: fue 'bomba atómica' que explotó en todo el mundo y que conmovió los cimientos de la opinión pública, católica y no católica. Muchos obispos se rindieron y acataron fervorosamente la encíclica sin preocuparse por el alejamiento de la Iglesia de muchas parejas.

No así el cardenal arzobispo de Colonia, Alfred Frings, quien consultó a un profesor joven de Tubinga la forma de defender la conciencia de las parejas frente a la encíclica, en vísperas de su aparición. Y la respuesta del joven teólogo, hoy Benedicto XVI, no se hizo esperar: "Aun por encima del Papa, como expresión de lo vinculante se halla la propia conciencia, a la que hay que obedecer ante todo, si fuere necesario, incluso contra lo que diga la autoridad eclesiástica". Frings quedó satisfecho y, aplicando el consejo del joven teólogo de Tubinga, defendió a miles de parejas católicas de abandonar la Iglesia. Se puede disentir sensatamente de un documento del Magisterio de la Iglesia sin tener que dejar la Iglesia ni privarse de los sacramentos. La conciencia bien formada ante todo.

Y en este sentido respondió la Congregación para el Clero de la Santa Sede ante la demanda de unos sacerdotes católicos de la diócesis de Washington, privados del ejercicio sacerdotal por su obispo, cardenal O'Boyle, por disentir de dicha encíclica. "En el análisis final, la conciencia es inviolable, y el hombre no debe ser forzado a actuar de forma contraria a su conciencia, como afirma la tradición moral de la Iglesia", fue la respuesta de la Congregación.

Cincuenta años de píldora, 50 años de regulación artificial de la natalidad, 50 años de primacía de la conciencia.


Tomado de El Tiempo - http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonsollanoescobar/hoy-50-anos-de-la-pildora-anticonceptiva_7775066-1

¿Cuántos quedamos?

Alfonso Llano Escobar

¿Cuántos quedamos?

Una pregunta que se hacen algunos católicos, asustados ante la desbandada actual.

No está mal que les recordemos a los lectores qué se entiende por Iglesia, ya que la mayoría confunde o identifica Iglesia con Jerarquía. No. Iglesia es la comunidad de los creyentes en Jesucristo, los que creemos que Jesús fue un hombre verdadero, como nosotros, el hijo de José y María, que murió y resucitó por nosotros, y 'está sentado a la diestra de Dios', metáfora que quiere decir, que Jesús comparte con el Padre la misma y única divinidad. Es Hijo de Dios. Es Dios. Jesús es el personaje decisivo en nuestra vida: "El que cree en mí, tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día". El que no cree, supongo yo, se acabará como un árbol que cae a la vera del camino y desaparece para siempre.

Volvamos a la pregunta inicial. ¿Cuántos quedamos?

Para responder acertadamente conviene recordar la doble dimensión de la Iglesia: es un hecho social humano y, a la vez, un hecho sobrenatural divino, dimensión esta que sólo se percibe con la fe.

Como hecho social, la Iglesia está sometida a las vicisitudes de la vida: ser exaltada y humillada, crecer y decrecer, como su Maestro. Pero, ¿podrá desaparecer? Si fuera sólo obra de los hombres, no sólo podría desaparecer sino que ya hubiera desaparecido hace siglos. Sus enemigos son muchos y poderosos y se han propuesto muchas veces acabar con ella, como el Sanedrín, que quiso muchas veces acabar con Jesús.

Respondamos clara y enfáticamente: la Iglesia no puede desaparecer, ni se acabará, porque es obra de Dios. Recordemos el siguiente pasaje de la primitiva Iglesia. El Sanedrín, reunido en pleno, para decidir si daba muerte a los Apóstoles que se empeñaban en predicar la resurrección de Jesús, contra una orden expresa de callar, volvió todas sus miradas hacia el autorizado Nicodemo. "Este mandó que hicieran salir a los Apóstoles del recinto, y les dijo: ¿Qué vais a hacer con estos hombres? Recordad que en los últimos tiempos se han presentado un tal Teudas y un Judas galileo; reunieron mucha gente, perecieron y se acabó su movimiento. Ahora pues, os digo: desentendeos de estos hombres y dejadlos libres. Porque si esta obra es obra de los hombres, fracasará. Pero si es obra de Dios, no conseguiréis destruirla. No sea que os encontréis luchando contra Dios. Y aceptaron su parecer" Hechos, 5,34.

La Iglesia surgió hace veinte siglos y los hombres no hemos podido acabar con ella. La crisis actual es aguda y severa, pero la Iglesia ha atravesado crisis peores y, como el ave fénix, resucita cada vez más crecida y audaz.

Otro hecho interesante es ver la actuación de Jesús ante la desbandada de discípulos, escandalizados con su doctrina sobre la Eucaristía. Muchos de ellos, al oírle, dijeron: "Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo? Desde entonces, muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús dijo entonces a los doce apóstoles: ¿También vosotros queréis marcharos?" Juan, 6,60 ss.

Recientemente, la Iglesia ha presenciado, con dolor y serenidad, dos desbandadas de fieles: primera, a raíz de la encíclica Humanae Vitae sobre la regulación de la natalidad, en 1968. Muchas parejas de matrimonios de todo el mundo católico abandonaron la Iglesia. No entendieron que podían disentir de la encíclica y seguir siendo buenos católicos. Jesús respeta la libertad de los suyos como nadie. El seguimiento de Jesús debe ser libre y generoso hasta el final.

La segunda crisis es la actual, el abuso de niños, con el consiguiente escándalo de los medios y la desbandada, no muy consecuente, de muchos católicos. Digo 'no muy consecuente', porque el hecho de que haya caídas lamentables entre el clero no justifica abandonar la Iglesia. Si estoy afiliado a un club social, no me retiro porque unos cuantos socios cometieron faltas graves. O bien, si necesito médico, no renuncio al hospital, porque unos pocos médicos han abusado de algunos pacientes en sus piezas. No se sigue. Mi salud espiritual, por un lado, y las caídas de unos cuantos curas, por otro.

Lo que cuenta no es el número. Lo que de veras cuenta es perseverar hasta el final. Jesús fue explícito: "Quien perseverare hasta el fin será salvo".

Alfonso Llano Escobar

Tomado de El Tiempo  -  http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonsollanoescobar/cuantos-quedamos_7690301-1

viernes, 13 de agosto de 2010

El coraje de ser católico


Alfonso Llano Escobar

El coraje de ser católico

Empecemos aclarando la expresión 'ser católico'. Ciertamente, ser católico no significa, ante todo, la adhesión a la Iglesia oficial, apego a los curas, obispos y, sobre todo, al mismo Papa. No. No significa tampoco ni principalmente conocimiento y cumplimiento de todas las encíclicas y normas morales que lanza con frecuencia el Magisterio de la Iglesia. Algo de esto es necesario. Pero no consiste en ello ser católico. Tampoco significa creer en los sacerdotes ni en imaginarlos vestidos de una capa de asbesto que los hace impenetrables a toda tentación de la carne. No. No son ángeles que vuelan en los templos sagrados, sino hombres de carne y hueso, con las mismas tendencias de los demás hombres que vagan por ciudades y veredas.

Ser católico es creer en Jesucristo, adherirse a él, como Hombre verdadero, hijo de María y de José, y como Dios verdadero, el Hijo de Dios y de la fe de la virgen María. Es creer y aceptar que Jesucristo es la persona decisiva en mi vida y que mi salvación eterna depende de mi fe en él. Ser católico es aceptar que los apóstoles fueron testigos de su muerte y resurrección, y que, a partir de entonces, los creyentes en Jesucristo formamos la comunidad, llamada Iglesia católica (es decir, universal) y apostólica (fundada en la fe de los apóstoles), y en la continuidad de la misma fe auténtica, en la persona de los Papas, desde san Pedro hasta Benedicto XVI, así no me caiga bien; esto es secundario; lo que cuenta es reconocerlo como el sucesor legítimo de san Pedro, quien recibió el encargo de regir la comunidad de los creyentes en Jesucristo, o Iglesia.

Ser católico, hasta hace unos cincuenta años, era asunto fácil, tradicional, familiar. Todos éramos católicos. Gozaba la Iglesia de fama, de prestigio, de poder. El Estado colombiano era confesional. No había divorcio, ni matrimonio civil, ni aborto legal. Había fe católica en todo el país, que con razón era llamado el país del Sagrado Corazón, ya que el mismo Presidente de la República hacía la consagración anual de la República al Sagrado Corazón.

Pero las cosas han cambiado radical y aceleradamente en las últimas décadas. El Estado es laico, la Iglesia católica es una de los centenares de iglesias acreditadas ante el Estado, en pie de igualdad con todas ellas. Entraron el matrimonio civil, el divorcio, el aborto, la eutanasia, el orgullo gay; la familia se viene desintegrando, la vida sexual pasó de las manos de la Iglesia a las manos de cada ciudadano, varón o mujer, y mil libertades más, entre ellas el relativismo moral, se vienen instalando en el corazón de cada colombiano; y la desbandada de católicos hacia otras formas de fe, de moral, de cultura, se viene dando en forma creciente, casi que alarmante.

Pero, no nos asustamos. Bienvenido el nuevo orden social. Bienvenido el Estado laico. Dentro de este contexto nos cabe vivir el 'ser católicos'.

Ser católico HOY, en medio de este desprestigio de la Iglesia, y ante esta desbandada de católicos, significa seguir siéndole fiel al Señor Jesús, seguir viviendo el presente en función de la vida y doctrina de la persona adorable de Jesucristo; seguir viviendo la fe a pesar de la crisis de la Iglesia y de los sacerdotes, por causa de la pedofilia. Todo esto requiere mucho coraje, mucha verraq... como nos gusta decir a los colombianos.

Ser católico no es para cobardes, para miedosos, para personas débiles. Ser católico requiere coraje y una profunda experiencia de fe.

Es la hora de invitar a jóvenes audaces a entrar en los seminarios para prepararse a ser sacerdotes, seguidores de Jesús. Los obispos deben ser exigentes con los seminaristas y no consentir que continúen en la formación aquellos que tengan conductas homosexuales. Sencillamente, no son aptos para el sacerdocio. Sólo el amor apasionado por Jesucristo forma sacerdotes castos y célibes. Si un sacerdote falta gravemente al respeto a un niño debe ser retirado del sacerdocio. Ya habrá otros a quienes el amor a Jesucristo los haga capaces de respetar, en forma absoluta, la dignidad de todo niño.

Piénselo bien: cada día va a hacer falta mucho coraje para ser católico; pero, mucho más todavía, para ser sacerdote. Decídase.

 

Alfonso Llano Escobar

Tomado de: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonsollanoescobar/ARTICULO-WEB-PLANTILLA_NOTA_INTERIOR-7848746.html#opiusuarios_content

miércoles, 21 de abril de 2010

¡Desintoxíquese!

¡Desintoxíquese!

Desintoxiquese

Nos estamos intoxicando. Esa es, para el médico Santiago Rojas, una verdad inapelable. El aire, la mayoría de los alimentos, el ritmo estresante, las emociones propias y ajenas y hasta los pensamientos conspiran contra el cuerpo, agotan su energía. Enferman.

Tras 25 años de práctica clínica, Rojas, paliativista y experto en medicinas complementarias, insiste por eso en la necesidad de que cada persona haga algo por desintoxicarse. Y no se refiere a las purgas, sino a un proceso en tres niveles: el cuerpo, el pensamiento y la energía.

"Hacerlo en un solo nivel no sólo puede ser insuficiente y excluyente, porque desconoce la integralidad del ser, sino que puede conducir a las personas a caer en posturas extremas e incluso en el fanatismo", dice.

El por qué, el cómo y el cuándo de la práctica de "desintoxicar" aparecen recogidos en su libro más reciente: Desintoxícate. "No es un texto de autoayuda, sino una guía que, con buena orientación, propone la adopción de nuevos estilos de vida y una actitud más respetuosa hacia la naturaleza", explica.

¿La energía corporal es una estructura tangible? ¿Se puede ver? ¿Se puede medir? Sí, y ciertas personas con formación especial pueden percibirla; hay nuevas tecnologías que también la captan. No obstante, su medición aún es parcial.

Es bueno recordar que con nuestros sentidos sólo podemos percibir una sexagésima parte del espectro de la luz existente.

¿Influye esta energía en la salud humana? Totalmente: la energía interactúa permanentemente con el cuerpo físico y, por ende, con la salud y el bienestar cuando está en equilibrio. Cuando este se altera se produce la enfermedad.

Los escépticos dicen que lo que no puede verse ni probarse no existe. ¿Cómo enfrenta ese escepticismo? Los científicos no pueden ver la energía que explica que el universo está en expansión, pero saben de su existencia por sus efectos, y la han denominado energía oscura, por estar oculta al hombre. En el caso de la energía humana hay mayor conocimiento y evidencia de su presencia por nuevas tecnologías y, lo más importante, al actuar sobre ella se evidencian sus resultados de manera directa.

¿Qué compone al ser humano? En él confluyen muchas realidades, en las que se expresan lo esencial (que en nuestra visión sería el alma), lo mental y emocional, la energía sutil y lo orgánico (el cuerpo físico). Todas son importantes y necesarias para la expresión de la vida humana.

¿Todos estos componentes pueden intoxicarse? El alma no se puede intoxicar, pero los otros niveles sí, aunque de manera y grado diferentes.

Una intoxicación del cuerpo muestra síntomas claros. ¿Puede haber intoxicaciones sin signos evidentes? Las intoxicaciones agudas se evidencian con las manifestaciones de eliminación que hace el cuerpo ante el tóxico (diarrea y vómito, por ejemplo), e incluso con malestar general. Hay otras, sin embargo, con signos difusos que pueden confundirse con otras enfermedades. Eso debe profundizarse un poco más.

¿Qué tipos de tóxicos amenazan el cuerpo? Los tóxicos son sustancias que, al llegar al cuerpo, producen un efecto nocivo. Los hay exógenos (vienen del exterior) y endógenos (producidos por el organismo). Los primeros pueden ser físicos (radiaciones, ruido), químicos (medicamentos, drogas, alcohol, cigarrillo) o biológicos (virus, bacterias y otros agentes). Dentro de los endógenos están el ácido úrico y las bilirrubinas.

¿Pueden intoxicarse las emociones? ¿Qué síntomas muestra eso? Cuando el cuerpo se llena de emociones perturbadoras, como la ansiedad prolongada, períodos largos de tristeza, pesimismo, tensión continua, hostilidad, el cinismo o la suspicacia esto termina incidiendo en el organismo; se comportan como intoxicaciones que, además de malestar, aumentan el riesgo de contraer enfermedades como el asma, la artritis, los dolores de cabeza, las úlceras y los problemas cardiacos.

¿Cómo es una toxicidad en el campo de la energía humana? La más evidente es la producida por las radiaciones, y dentro de éstas las generadas por la tecnología o no ionizantes. Afectan, entre otros aspectos, la vitalidad, la capacidad de concentración, el buen sueño y los estados de ánimo. La energía del cuerpo que fluye permanentemente se altera por la presencia de otros campos de energía que lentifican su movimiento. Es importante añadir que un 25 por ciento de las personas son muy susceptibles, un 50 por ciento moderadamente susceptibles y el otro 25 por ciento no notan alteraciones, ante la presencia de estas radiaciones.

Desde su óptica, ¿cuál es la mejor manera de desintoxicar el cuerpo? Lo primero es tomar distancia de aquellas cosas que sabemos que nos intoxican. Luego se debe ayudar al cuerpo a eliminar lo tóxico, mediante ayunos, consumo de antioxidantes, una dieta saludable y el agua, entre otras medidas. Es imprescindible hacer un esfuerzo consciente para evitar intoxicaciones futuras.

¿Qué alimentos desintoxican? Hay muchos, pero entre ellos están las frutas, los alimentos verdes (verduras y algas), el té verde, las semillas y los frutos secos, y el ajo.

¿Qué es el ayuno, para qué sirve y cada cuánto debe hacerse? Es la suspensión voluntaria de alimentos para generar un descanso al sistema digestivo, favoreciendo la eliminación de tóxicos. Es ideal empezar por cortos períodos (medio día a un día), un par de veces al mes. Recomiendo consumir un tipo de fruta, como la papaya y el melón, y agua. Los ayunos más largos deben hacerse bajo supervisión calificada.

¿Cómo se desintoxican las emociones? Las emociones son parte de la vida y hay que aprender a expresarlas en forma espontánea sin ofender a otros y manteniendo siempre la calma. Este ejercicio puede apoyarse con meditación, oración, silencio, el uso de esencias de flores y psicoterapia.

¿El silencio es un tipo de ayuno? Es el espacio que permite la libertad y siempre nos lleva a la conciencia y a la claridad de lo que nos ocurre. Puede entenderse como el ayuno de la mente y la emoción. Recomiendo a cada persona identificar en su entorno un sitio en el que pueda ponerlo en práctica. El objetivo es hacerlo varias veces al día y encontrarse con uno mismo.

100 billones de células tiene el cuerpo humano, la mayoría formadas por carbono, hidrógeno oxígeno y nitrógeno.

'' Cuando el cuerpo se llena de emociones perturbadoras, como ansiedad, períodos largos de tristeza, pesimismo, tensión, etc, esto termina incidiendo en el organismo(...) y se aumenta el riesgo de contraer enfermedades". Santiago Rojas, médico especialista en cuidado paliativo y bioenergético.

HAY QUE APRENDER A TOMAR AGUA.

Rojas asegura que el consumo de agua de buena calidad, en la cantidad adecuada, es esencial en el proceso de desintoxicación, pues ayuda a todos los sistemas de desintoxicación a cumplir su función. Combate el estreñimiento, elimina mucosidades del pulmón y toxinas del riñón.

Si no hay problemas de salud que impidan su consumo, como una falla renal, un adulto puede consumir de 2 a 3 litros al día.

Lo recomendado es tomar uno a dos vasos de agua fresca (no helada) en ayunas, y antes del almuerzo y la comida, a sorbos. Siempre es mejor con el estómago vacío. No es recomendable tomar mucha después de comer. Mejor que sea destilada o de baja mineralización, y de naturaleza alcalina (de un Ph mayor de 7)


Publicación
eltiempo.com
Sección
Información general
Fecha de publicación
18 de abril de 2010
Autor
Carlos F. Fernández

miércoles, 3 de febrero de 2010

A FAVOR DE UNA ‘ESPIRITUALIDAD DE LA IMPERFECCIÓN’

Tomado de: http://www.dviop.org

 

A FAVOR DE UNA 'ESPIRITUALIDAD

DE LA IMPERFECCIÓN'

 

 De joven el gran maestro Matsu

era un fanático de sentarse a meditar durante

largas horas. Un día, su discípulo

patriarca Huai-jang le preguntó, qué esperaba

conseguir mediante esta compulsiva sesión

con las piernas cruzadas. 'Buddhahood'

(estado de Buda) respondió Mat-su. Acto

seguido Huai-jang se sentó, tomó un ladrillo

y comenzó a pulirlo aplicadamente. Mat-su

lo observó y perplejo le preguntó qué era lo

que hacía, «Oh –dijo Huaijang-,

estoy haciendo un

espejo de mi ladrillo». «Puedes

pulirlo hasta el día del

juicio final» -se burló Mat-su-

«nunca harás un espejo de

un ladrillo». «Ajá» –sonrió

Huai-jang-: «Tal vez estás

comenzando a entender que

aunque te sientes hasta el día

del juicio final, no te convertirás

en Buda».

Si tuviéramos que remplazar

'Buddhahood' por un

término cristiano, la traducción

probablemente sería:

estado de perfección. Sabemos

muy bien que –durante

siglos-, este término se

utilizó para describir y definir

lo que significa la vida religiosa.

Cientos de libros sobre guía

espiritual proporcionaron

«programas de formación» para religiosos

así como para «creyentes ordinarios»,

cursos de «cómo convertirse en perfecto»,

a menudo, muchos se referían a lo que Jesús

dijo en el Sermón de la Montaña: «Sean…

ustedes perfectos como es perfecto el

Padre de ustedes que está en el cielo.» No

hay duda: alcanzar la perfección ha puesto

en gran parte el tono en la espiritualidad

cristiana y estamos muy acostumbrados a

este enfoque.

Podrán imaginarse cuán atónito me quedé

cuando -algunos meses atrás-, exactamente

en la librería de nuestro Monasterio en Farmington

Hills, encontré un libro titulado 'The

Spirituality of Imperfection' (La espiritualidad

de la imperfección). Leí la contraportada

donde decía –entre otras observaciones-,

«Creo que este libro se acerca más al verdadero

significado de la espiritualidad que

cualquier otro libro que se haya visto en los

últimos veinte años.»

Como soy curioso, lo hojee; fue emocionante

cómo el autor proporcionaba una larga

tradición de esta espiritualidad

de la imperfección;

página tras página me atrajo

más y más.

¿Cuál es el punto de esta

espiritualidad? Exactamente

lo que la historia del inicio nos

dice: Nunca haremos un espejo

de un ladrillo, aún si lo

pulimos hasta el día del juicio

final. Esto significa: una

espiritualidad de la imperfección

acepta el hecho de que

somos seres humanos y

como tales –por definición-,

no somos perfectos y nunca

lo seremos.

Una espiritualidad de la

imperfección es una espiritualidad

de humildad pero no

tiene nada en común con el

servilismo. No se trata de

hacerse pequeño, se trata de

respetar al otro a través de tu aprecio.

Cuando te detienes en tu afán de ser perfecto

también dejas de esperar que los demás

sean perfectos. Abstenerte de esperar la

perfección puede abrir tus ojos para descubrir

la belleza humana de tu vecino, sus capacidades

y sus dones. Abstenerte de esperar la

perfección puede permitirte que finalmente

disfrutes de los caprichos y las ideas estrafalarias

de tus hermanos y hermanas dentro

y fuera de la Orden.

La historia del centurión

romano nos proporciona un maravilloso

ejemplo de esta espiritualidad de la imperfección.

Su afirmación principal, la afirmación

de la humildad y de la imperfección: «Señor,

yo no soy digno de que entres a mi casa».

Pero esta afirmación no es por servilismo,

no es para humillarse. En términos de clases

sociales este centurión romano no era un

'Don Nadie' y estaba consiente de ello: «Si

le digo a un hombre ve, el va, si a otro le

digo ven, él viene». Pero al utilizar las palabras

«No soy digno» él como un representante

de una super-potencia expresa su gran

estima por el Jesús judío, ciudadano de un

país ocupado y oprimido.

Humildad, aceptar la condición humana de

la imperfección de nunca poder hacer un

espejo de un ladrillo, una espiritualidad de la

imperfección, esto es lo que te puede conducir

a la auto-evaluación realista, así como

a una mayor autoestima, e incluso a una

mayor estima del otro.

«Regocíjate cada vez que descubras una

nueva imperfección» sugiere el guía espiritual

jesuita del siglo XVIII Jean-Pierre Caussade,

y continúa: «Si observamos que estamos

impacientándonos, podemos intentar llevar

nuestra impaciencia pacientemente. Si

perdemos la tranquilidad, podremos resistir

esa pérdida de tranquilidad. Si nos enojamos,

no debemos enojarnos con nosotros mismos

por habernos enojado. Si estamos descontentos,

podremos contentarnos con

nuestro descontento.» Caussade… insiste

que debemos desprendernos de todo, aún

de nuestro desprendimiento. Exactamente

esa frase fue utilizada de nuevo por nuestro

hermano Maestro Eckhart.

Existe un testigo aún más famoso por

dicha 'espiritualidad de la imperfección': san

Pablo. Cito lo siguiente de su segunda carta

a los Corintios: «Para que no creyera yo ser

más de lo que soy, por haber recibido revelaciones

tan maravillosas, se me dio un sufrimiento,

una especie de espina clavada en el

cuerpo, que como un instrumento de Satanás

vino a maltratarme. Tres veces le he

pedido al Señor que me quite ese sufrimiento;

pero el Señor me ha dicho: 'Mi amor es todo

lo que necesitas; pues mi poder se muestra

mejor en los débiles.' Así que

me alegro de ser débil, para que en mí se

muestre el poder de Cristo. Y me alegro

también de las debilidades… porque cuando

más débil me siento es cuando más fuerte

soy».

Hace menos de dos semanas fui invitado

a predicar con motivo del jubileo de profesión

de algunas hermanas dominicas de Betania.

Como lema para esta celebración escogieron

las palabras de nuestro Padre Lataste, el

fundador de su Congregación: «Pon toda tu

confianza en Dios.» Cuando hablamos acerca

de nuestras experiencias durante estos

cincuenta o cuarenta años de ser dominicos,

todos acordamos que hemos luchado mucho

para volvernos perfectos pero no hemos

tenido éxito. Más bien tuvimos que confesar

que hemos fallado una y otra y otra vez, y

reflexionando ahora, nos damos cuenta que

nos hicimos consientes de nuestras debilidades

y limitaciones, de nuestra imperfección.

Pero a pesar de nuestra imperfección tenemos

que confesar también que –poniendo

nuestra confianza en Dios-, muchas cosas

maravillosas se pueden lograr y que nuestras

vidas son algo más que sólo sobrevivir.

Coincidimos con la experiencia de san Pablo

ya que también fue la nuestra: puesto que

la gracia de Dios hacia nosotros es grande,

y porque Su poder se muestra mejor en los

débiles, tenemos razón de estar alegres de

nuestra debilidad e imperfección, pues cuando

somos débiles es cuando somos fuertes.

Justamente ayer, durante una conversación

con las hermanas del Monasterio de

Lunden, me contaban una costumbre entre

las mujeres noruegas de tejer los suéteres

típicos nórdicos con un diseño especial: ellas

a propósito se aseguran de que al menos

quede un pequeño defecto en sus artesanías,

esto es una especie de credo. Lo que intentan

expresar es: Dios en sí es perfecto, cada ser

humano al igual que sus trabajos siempre

serán imperfectos.

Concluyo deseando a cada uno de ustedes

que crezcan en la «espiritualidad de la imperfección

», para que podamos confiar aún más

en la gracia de Dios, la cual se proporciona

en abundancia a nuestros hermanos y hermanas,

así como a nosotros.

Manuel Merten op

ORIGINAL: INGLÉS

A favor de una "Espiritualidad de la Imperfección", Fray Manuel Merten, OP, Promotor General de las Monjas, de IDI, Enero de 2007, (IDI – Informaciones Dominicanas Internacionales - www.idi-op.org)

 

http://www.dviop.org/site//index.php?option=com_content&task=view&id=48&Itemid=46