Tomado de: http://www.dviop.org
A FAVOR DE UNA 'ESPIRITUALIDAD
DE LA IMPERFECCIÓN'
De joven el gran maestro Matsu
era un fanático de sentarse a meditar durante
largas horas. Un día, su discípulo
patriarca Huai-jang le preguntó, qué esperaba
conseguir mediante esta compulsiva sesión
con las piernas cruzadas. 'Buddhahood'
(estado de Buda) respondió Mat-su. Acto
seguido Huai-jang se sentó, tomó un ladrillo
y comenzó a pulirlo aplicadamente. Mat-su
lo observó y perplejo le preguntó qué era lo
que hacía, «Oh –dijo Huaijang-,
estoy haciendo un
espejo de mi ladrillo». «Puedes
pulirlo hasta el día del
juicio final» -se burló Mat-su-
«nunca harás un espejo de
un ladrillo». «Ajá» –sonrió
Huai-jang-: «Tal vez estás
comenzando a entender que
aunque te sientes hasta el día
del juicio final, no te convertirás
en Buda».
Si tuviéramos que remplazar
'Buddhahood' por un
término cristiano, la traducción
probablemente sería:
estado de perfección. Sabemos
muy bien que –durante
siglos-, este término se
utilizó para describir y definir
lo que significa la vida religiosa.
Cientos de libros sobre guía
espiritual proporcionaron
«programas de formación» para religiosos
así como para «creyentes ordinarios»,
cursos de «cómo convertirse en perfecto»,
a menudo, muchos se referían a lo que Jesús
dijo en el Sermón de la Montaña: «Sean…
ustedes perfectos como es perfecto el
Padre de ustedes que está en el cielo.» No
hay duda: alcanzar la perfección ha puesto
en gran parte el tono en la espiritualidad
cristiana y estamos muy acostumbrados a
este enfoque.
Podrán imaginarse cuán atónito me quedé
cuando -algunos meses atrás-, exactamente
en la librería de nuestro Monasterio en Farmington
Hills, encontré un libro titulado 'The
Spirituality of Imperfection' (La espiritualidad
de la imperfección). Leí la contraportada
donde decía –entre otras observaciones-,
«Creo que este libro se acerca más al verdadero
significado de la espiritualidad que
cualquier otro libro que se haya visto en los
últimos veinte años.»
Como soy curioso, lo hojee; fue emocionante
cómo el autor proporcionaba una larga
tradición de esta espiritualidad
de la imperfección;
página tras página me atrajo
más y más.
¿Cuál es el punto de esta
espiritualidad? Exactamente
lo que la historia del inicio nos
dice: Nunca haremos un espejo
de un ladrillo, aún si lo
pulimos hasta el día del juicio
final. Esto significa: una
espiritualidad de la imperfección
acepta el hecho de que
somos seres humanos y
como tales –por definición-,
no somos perfectos y nunca
lo seremos.
Una espiritualidad de la
imperfección es una espiritualidad
de humildad pero no
tiene nada en común con el
servilismo. No se trata de
hacerse pequeño, se trata de
respetar al otro a través de tu aprecio.
Cuando te detienes en tu afán de ser perfecto
también dejas de esperar que los demás
sean perfectos. Abstenerte de esperar la
perfección puede abrir tus ojos para descubrir
la belleza humana de tu vecino, sus capacidades
y sus dones. Abstenerte de esperar la
perfección puede permitirte que finalmente
disfrutes de los caprichos y las ideas estrafalarias
de tus hermanos y hermanas dentro
y fuera de la Orden.
La historia del centurión
romano nos proporciona un maravilloso
ejemplo de esta espiritualidad de la imperfección.
Su afirmación principal, la afirmación
de la humildad y de la imperfección: «Señor,
yo no soy digno de que entres a mi casa».
Pero esta afirmación no es por servilismo,
no es para humillarse. En términos de clases
sociales este centurión romano no era un
'Don Nadie' y estaba consiente de ello: «Si
le digo a un hombre ve, el va, si a otro le
digo ven, él viene». Pero al utilizar las palabras
«No soy digno» él como un representante
de una super-potencia expresa su gran
estima por el Jesús judío, ciudadano de un
país ocupado y oprimido.
Humildad, aceptar la condición humana de
la imperfección de nunca poder hacer un
espejo de un ladrillo, una espiritualidad de la
imperfección, esto es lo que te puede conducir
a la auto-evaluación realista, así como
a una mayor autoestima, e incluso a una
mayor estima del otro.
«Regocíjate cada vez que descubras una
nueva imperfección» sugiere el guía espiritual
jesuita del siglo XVIII Jean-Pierre Caussade,
y continúa: «Si observamos que estamos
impacientándonos, podemos intentar llevar
nuestra impaciencia pacientemente. Si
perdemos la tranquilidad, podremos resistir
esa pérdida de tranquilidad. Si nos enojamos,
no debemos enojarnos con nosotros mismos
por habernos enojado. Si estamos descontentos,
podremos contentarnos con
nuestro descontento.» Caussade… insiste
que debemos desprendernos de todo, aún
de nuestro desprendimiento. Exactamente
esa frase fue utilizada de nuevo por nuestro
hermano Maestro Eckhart.
Existe un testigo aún más famoso por
dicha 'espiritualidad de la imperfección': san
Pablo. Cito lo siguiente de su segunda carta
a los Corintios: «Para que no creyera yo ser
más de lo que soy, por haber recibido revelaciones
tan maravillosas, se me dio un sufrimiento,
una especie de espina clavada en el
cuerpo, que como un instrumento de Satanás
vino a maltratarme. Tres veces le he
pedido al Señor que me quite ese sufrimiento;
pero el Señor me ha dicho: 'Mi amor es todo
lo que necesitas; pues mi poder se muestra
mejor en los débiles.' Así que
me alegro de ser débil, para que en mí se
muestre el poder de Cristo. Y me alegro
también de las debilidades… porque cuando
más débil me siento es cuando más fuerte
soy».
Hace menos de dos semanas fui invitado
a predicar con motivo del jubileo de profesión
de algunas hermanas dominicas de Betania.
Como lema para esta celebración escogieron
las palabras de nuestro Padre Lataste, el
fundador de su Congregación: «Pon toda tu
confianza en Dios.» Cuando hablamos acerca
de nuestras experiencias durante estos
cincuenta o cuarenta años de ser dominicos,
todos acordamos que hemos luchado mucho
para volvernos perfectos pero no hemos
tenido éxito. Más bien tuvimos que confesar
que hemos fallado una y otra y otra vez, y
reflexionando ahora, nos damos cuenta que
nos hicimos consientes de nuestras debilidades
y limitaciones, de nuestra imperfección.
Pero a pesar de nuestra imperfección tenemos
que confesar también que –poniendo
nuestra confianza en Dios-, muchas cosas
maravillosas se pueden lograr y que nuestras
vidas son algo más que sólo sobrevivir.
Coincidimos con la experiencia de san Pablo
ya que también fue la nuestra: puesto que
la gracia de Dios hacia nosotros es grande,
y porque Su poder se muestra mejor en los
débiles, tenemos razón de estar alegres de
nuestra debilidad e imperfección, pues cuando
somos débiles es cuando somos fuertes.
Justamente ayer, durante una conversación
con las hermanas del Monasterio de
Lunden, me contaban una costumbre entre
las mujeres noruegas de tejer los suéteres
típicos nórdicos con un diseño especial: ellas
a propósito se aseguran de que al menos
quede un pequeño defecto en sus artesanías,
esto es una especie de credo. Lo que intentan
expresar es: Dios en sí es perfecto, cada ser
humano al igual que sus trabajos siempre
serán imperfectos.
Concluyo deseando a cada uno de ustedes
que crezcan en la «espiritualidad de la imperfección
», para que podamos confiar aún más
en la gracia de Dios, la cual se proporciona
en abundancia a nuestros hermanos y hermanas,
así como a nosotros.
Manuel Merten op
ORIGINAL: INGLÉS
A favor de una "Espiritualidad de la Imperfección", Fray Manuel Merten, OP, Promotor General de las Monjas, de IDI, Enero de 2007, (IDI – Informaciones Dominicanas Internacionales - www.idi-op.org)
http://www.dviop.org/site//index.php?option=com_content&task=view&id=48&Itemid=46
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