lunes, 10 de octubre de 2011

Más sobre la Reencarnación

 

Alfonso Llano Escobar, S. J.

La Reencarnación no le ofrece salvación al cuerpo, que no pasa de ser un envoltorio intercambiable.

El mito de la Reencarnación está teniendo en Occidente una acogida curiosa y sorprendente. Sus partidarios, antes fervorosos católicos, "cansados con la Iglesia", pero que no quieren caer en manos del crudo materialismo, sino en alas de una espiritualidad muy antigua, importada del Oriente, optan por la Reencarnación.

Los argumentos a favor de la Reencarnación son variados y concordes con las tendencias del momento: nada es definitivo, es difícil comprometerse de una manera irrevocable; se nos ofrece una segunda y tercera opción; es interesante pensar en varias existencias pasadas y futuras. Así cargaremos valientemente con el Karma universal. No podemos escapar de él sino a base de nuevas opciones, de compasión y de fusión con el Todo.

Otro argumento a favor de la Reencarnación es la imperfección que nos acompaña a la hora de la muerte, que nos impide pasar a Dios y que requiere una especie de purgatorio en existencias posteriores hasta lograr la perfección necesaria.

Existe un modelo oriental de Reencarnación, propio de las religiones orientales (budismo, hinduismo, entre otras), y un modelo occidental de Reencarnación, propio de la novedad y oferta religiosa del siglo XXI. "La Reencarnación occidental, se dice, toma un esquema oriental pero introduciendo en él elementos procedentes de la tradición cristiana. Se trata de un sincretismo, de una creencia típicamente postcristiana, que da lugar a una doctrina ligera y maleable".

Haciendo ahora un poco de crítica de la Reencarnación, tenemos que observar que las religiones orientales encuentran en ella una explicación del mito del eterno retorno. Venido el cristianismo, la Reencarnación no tiene sentido ni cabida. Cristianismo y Reencarnación son como el agua y el aceite: incompatibles.

Fuera de esto, la Reencarnación no cabe dentro de la antropología actual, que viene superando el dualismo cuerpo y alma, y acepta una unidad personal desde el cigoto hasta la muerte. Soy una persona con una doble dimensión: espiritual y corporal, pero no soy dos sustancias antagónicas, materia y espíritu. Es fácil decir y aun imaginar que, al morir, el alma sale del cuerpo y se une a otro cuerpo. Pregunto: ¿vivo o muerto? Si lo primero, ya tendría alma, y si lo segundo, no es posible que un alma, venida de fuera, vivifique un cadáver de otra persona. Después de cinco o diez existencias, ¿de quién es el yo actual? ¿Mío o ajeno? ¿Quién es el responsable de las vidas pasadas? Parece algo ridículo que no resiste la crítica de la filosofía ni de la teología actual. Enseña la Escritura: "Está establecido que el hombre muera una sola vez, y que después venga el juicio". Hebreos 9,27.

Y lo más lamentable es el puesto al que vienen a relegar a Jesucristo estos antiguos católicos: un gran hombre en la línea de Buda, Mahoma, Martin Luther King o Mandela. Olvidaron la confesión de san Pedro a las autoridades judías: "Jesús es la piedra que vosotros, los constructores, habéis despreciado y que se ha convertido en la piedra angular. Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombre por el que nosotros debamos salvarnos". Hechos, 4, 11 y 12.

La Reencarnación no le ofrece salvación al cuerpo, que no pasa de ser un envoltorio intercambiable. Esta pone en duda la identidad y unicidad de la persona humana, en cuanto sujeto irreemplazable delante de Dios, capaz de comprometer su destino en un acto de libertad absoluta.

"La tradición cristiana, se dice, nos ha dado un sentido muy vivo de la persona humana, mientras que en la perspectiva oriental la persona es una ilusión que va pasando de Pedro a Pablo. Al final, todo para en la disolución del sujeto en el Todo".

El valor irreemplazable de la persona se debe al hecho de que esta se juega su destino eterno en una existencia terrena única. En tal sentido, cada instante que vivimos es único, no volverá a presentarse y posee un valor eterno".

 

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonsollanoescobar/mas-sobre-la-reencarnacion_10527520-4#vinculoComentar

domingo, 12 de junio de 2011

Las trampas que esconden: El Secreto, un Curso de Milagros y la ley de la atracción.

Sharon Lee Giganti
Una actriz de Hollywood ex-adepta de la Nueva Era se convierte y advierte de las trampas de la secta
Dejó su carrera cuando le sonreía el éxito para dedicarse a lo que creyó ser su misión: difundir los principios de la New Age. La desilusión no tardó en llegar.
 
Sharon Lee Giganti dejó su carrera en Hollywood cuando comenzaba a tener mayor éxito, para dedicarse a lo que creyó ser su gran misión: difundir los principios de la Nueva Era. La desilusión no tardó en llegar. Estas falsas enseñanzas destrozaron la vida de muchas personas a su alrededor –incluido su propio hermano–. Después de su conversión, se dedicó a comunicar sin cansancio las grandes trampas que esconden las enseñanzas de El Secreto, Un Curso de Milagros y la ley de la atracción.

- ¿Qué la impulsó hacia la Nueva Era?
- Estaba desesperada. Llevaba muchos años sufriendo al ver a mis seres queridos autodestruirse con las drogas y el alcohol, sin poder hacer nada. Buscaba una manera de acabar con todo ese dolor que había a mi alrededor, y encontrar felicidad y paz para mí.

- ¿Era infeliz a pesar del éxito que comenzaba a tener en Hollywood?
- Sí, como actriz estaba cansada de la frustración de trabajar tan duro, durante tantos años, y no lograr ser la gran actriz que me creía capaz de ser. Había alcanzado éxito en la TV y en algunas películas, pero tenía la sensación de no poder controlar el resultado de lo que hacía. Imagínese la emoción que me produjo escuchar que había técnicas que podía aprender para crear mi propia realidad con el pensamiento: "Puedes cambiar cualquier circunstancia, curar cualquier enfermedad, y producir resultados con sólo visualizar tus deseos".

- ¿Quién le enseñó esas técnicas?
Un amigo mío en Hollywood me habló de la ley de la atracción a través del libro La ciencia de la mente, de Ernest Holmes, y de unas grabaciones de la médium Esther Hicks, que canalizaba un espíritu llamado Abraham. Abraham enseñaba la idea ocultista de que "todo es energía": "Tus pensamientos y sentimientos son formas de 'vibración de la energía' que atraen lo que estás pensando y sintiendo. Si piensas en positivo y te sientes libre de preocupaciones, atraerás cosas buenas". Creí que Abraham era un espíritu bueno y que con esta nueva comprensión de las "leyes universales" podría ayudar a mucha gente.

- Se dedicó entonces a difundir este gran "descubrimiento"...
- Así es. Abandoné mi carrera de actriz y me convertí en embajadora de Abraham. Durante 10 años estuve enseñando la ley de la atracción, incluyendo los principios de Un curso de milagros.

- ¿Qué es Un curso de milagros?
- Es un libro que fue escrito por un espíritu que decía ser Jesús, a través de una médium. Su enseñanza está en contradicción con la Sagrada Escritura, la Tradición y la doctrina católica, pues afirma que Jesús no era Dios, que el demonio no existe, que el pecado original nunca ocurrió, y que los apóstoles no supieron interpretar el mensaje de Jesús y nos enseñaron errores. Estos principios falsos muestran claramente que el espíritu que los escribió, aunque afirmara ser Jesús, es una falsificación de Cristo. Ningún espíritu que contradiga la Palabra de Dios puede ser de Dios.

- ¿Cómo descubrió ese engaño?
- Me enfrenté a terribles tragedias por predicar estas filosofías falsas. Primero, mi alumna Jane. La noche antes de suicidarse, vino a mi casa con las preguntas sobre el suicidio que solía hacerme. Se las contesté de nuevo con las enseñanzas de la Nueva Era, especialmente las de Abraham y Un Curso de Milagros: "El suicidio es malo sólo si piensas que está mal, pues hemos sido condicionados socialmente para creer que está mal". Y le dije, citando a Abraham: "Tú eres libre de elegir cualquier cosa que desees atraer a tu vida, incluso la muerte". A la mañana siguiente, ella se fue a un hotel y se envenenó. Me gustaría decir que su muerte me despertó, pero estas filosofías me habían oscurecido completamente la visión del mundo.

- Entonces, ¿qué la despertó?
- Mi hermano era drogadicto y alcohólico; sufría crisis de ansiedad y depresión. A quienes intentaban ayudarlo, yo les decía que dejaran de temer por su bienestar, pues así continuaban atrayendo esa situación a su vida. La mejor manera de ayudarlo era "visualizarlo" en una situación de perfecta salud, que luego comenzaría a "manifestarse". Y así lo hicieron. Y yo también. Pero no recibimos el "milagro" prometido. Mi hermano terminó por matar a mi sobrino de cuatro meses y hoy en día cumple cadena perpetua.

- Y usted pagó un precio muy alto...
- Las tragedias me fueron mostrando que las enseñanzas de la Nueva Era no producen la paz y el bienestar que tanto pregonan. En cambio sí provocan muchos corazones rotos y vidas destruidas.

- ¿Eso la llevó a buscar la verdad en la doctrina católica?
- Todavía estaba inmersa en esas enseñanzas, cuando comencé a leer la Biblia. También tuve un encuentro personal con Jesús y luego supe que mucha gente rezó por mí.

- Cuéntenos ese encuentro con Cristo
- Cuando estaba a punto de invocar más espíritus, en un intento desesperado por encontrar ayuda, Jesús me sacó. Se me mostró como "el Camino, la Verdad y la Vida" que yo había estado buscando.

- Un Cristo muy diferente al que le había enseñado la Nueva Era...
- No era la "Conciencia Crística" o "la Energía Pura" de la Nueva Era. Jesús es una persona real que me decía: "Soy la respuesta que estás esperando y estoy aquí, como siempre... ¡esperándote!". Nunca me había sentido tan amada. Créame. Los que piensan que "el Cristo" es sólo un modo de pensar o una "conciencia", se pierden todo, porque una "conciencia" no te puede amar como Jesús nos ama.

- ¿Qué pretende realmente la espiritualidad de la Nueva Era?
- La mayoría –me ocurrió a mí también– cree que ha descubierto una "nueva ciencia", una "sabiduría perdida" o una "perspectiva más elevada de la esfera espiritual", y quieren compartirla con otros para curar sus males mentales, psíquicos, emocionales y espirituales. Pero gran cantidad de la información de la Nueva Era proviene de espíritus que han sido escuchados a través de médiums. Son espíritus demoníacos que sirven a Satanás, y quieren robarle almas a Dios. Buscan expresamente hacernos daño.

- Pero nadie quiere, deliberadamente, hacerse daño a sí mismo...
- Desafortunadamente, la información está muy bien disfrazada en forma de buenos consejos, ayuda, amor... Ellos transmiten información falsa a todos los que quieran escucharla en forma de ideologías que contienen supuestos "principios universales". Hacen que la persona moralmente neutral se desoriente.

- ¿Por qué no puede un católico creer en la ley de la atracción?
- Estas supuestas "técnicas" no son más que formas modernas de la antigua magia, hechicería y espiritismo. Van en contra de la fe católica. En el documento vaticano Jesucristo portador del agua de la vida se afirma "la convicción generalizada en la Nueva Era de que cada uno crea su propia realidad es atractiva pero ilusoria". No es verdad que podamos controlar lo que nos sucede a través de nuestros pensamientos y sentimientos.

- ¿Es posible tomar lo bueno de estas técnicas y dejar de lado el resto?
- Conozco bien ese peligro y no vale la pena asumir ese riesgo. Sería como tomarse un batido de chocolate envenenado porque contiene un poco de calcio. De nuevo, el documento vaticano Jesucristo portador del agua de la vida dice claramente que no es posible aislar algunos elementos de la religiosidad de la Nueva Era como aceptables y rechazar otros. ¡La Iglesia ha hablado claro! Prestémosle atención a sus consejos por nuestro propio bien.

Sharon Lee Giganti (www.NewAgeDeception.com) es catequista acreditada e invitada habitual del programa de Patrick Coffin "The New Age Deception" en Catholic Answers Live Radio (www.catholic.com).

Actualizado 15 diciembre 2010
 
 
 
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"Me gusta la gente que cuando saluda, - aprieta la mano con fuerza y sin duda, - me gusta la gente, que cuando te habla, - te mira a los ojos, te mira de frente, - te dice a la cara, aquello que siente, - y nada se calla, y no tiene dobleces... me gusta esa gente...."
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¿En qué creemos los católicos?

¿En qué creemos los católicos?

Se acerca la Semana Santa y conviene tener ideas claras sobre nuestra fe. Ante un 'menú' tan variado, sobre formas de cristianismo, como el que nos brindan recientemente; ante tan fácil cambio de una a otra, como si se tratara de mudar de casa o de ciudad; ante las consecuencias tan graves para nuestra salvación, de decidirnos por esta o por aquella forma religiosa, quisiera aclarar en qué creemos los católicos desde hace 20 siglos. No es hora de ensayar un credo amañado y adobado por un chef de creencias y sectas, quien, entre charla y charla, trata de cambiarnos la fe católica por algún sustituto de última hora. Suelo preguntar a las parejas que me piden presenciar su matrimonio católico en qué creen como católicos. Y me suelen dar esta respuesta rápida y poco acertada: "En Dios y en María Santísima". Y yo les suelo aclarar: "En Dios creen todos los que profesan una fe monoteísta: judíos, musulmanes, ortodoxos, luteranos, anglicanos, entre otros". Y la fe en María Santísima, si seguimos los evangelios y las cartas de los apóstoles, no es necesaria para la salvación. Enseña Rahner, el gran teólogo jesuita del siglo pasado: "La Iglesia Católica no conoce la vida de María, sino lo que ha de decirse acerca de ella al confesar la fe en Jesucristo y alabar la gracia de Dios". Sólo indirectamente, en cuanto relacionada con Jesucristo, está presente María en el credo católico. En cuanto que, casada legítimamente con José, es la madre de Jesús, 'el hijo del hombre', y en cuanto creyente en Jesucristo, con la asistencia del Espíritu Santo, es la Madre 'del Hijo de Dios'. Con esta aclaración, vengamos a lo esencial de nuestra fe católica. Lo encontramos en la primera carta de san Pablo a los Corintios. Dice así: "Os hago saber, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido, en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados, si lo guardáis como os lo prediqué; si no, ¡habríais creído en vano! Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez, recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Pedro y a los Doce (apóstoles), a Santiago y a otros. Pues bien, tanto ellos como yo, esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído". 1 Cor. 15,4. Obsérvese bien: Pablo transmitió lo que, a su vez, recibió de los apóstoles; que tal enseñanza se apoya en las Sagradas Escrituras y que es necesaria para la salvación. Esta es la fe "una, santa, católica y apostólica", que enseñaron Pablo y los demás apóstoles a todo el mundo, judíos y paganos. Se suele añadir el calificativo de 'romana' a esta fe, dando a entender con ello que creemos en la fe de san Pedro, primer Papa, quien selló su fe en Jesucristo con su propia sangre, lo mismo que san Pablo. Creemos, pues, en lo mismo que creyeron los apóstoles, hace veinte siglos. Conviene prestar atención a lo que añade Pablo a los colosenses: "Vivid según Cristo Jesús, el Señor, tal como lo habéis recibido; arraigados y edificados en Él; apoyados en la fe, tal como se os enseñó, rebosando en agradecimiento. Mirad que nadie os esclavice y engañe mediante la vana falacia de una filosofía fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo". Col 2,7. La comunidad de los creyentes en Jesucristo, tal como lo predicaron los apóstoles, se llama Iglesia, de la cual se dice que es una, vale decir, indivisa; santa, por la santidad de su Cabeza, Jesucristo; católica, es decir, universal, y apostólica, fundada en la fe de los apóstoles. Creemos en el Jesucristo que ellos conocieron y predicaron, una vez exaltado a la gloria de Dios Padre. cenalbe@javeriana.edu.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
3 de abril de 2011
Autor
Alfonso Llano Escobar, S. J.