sábado, 23 de junio de 2012

Una opinión interesante sobre Aikido y Cristianismo

Una opinión interesante sobre Aikido y Cristianismo
 
 
Originalmente enviado por mario alvarez
 
Hola a todos, pienso que el problema con las artes marciales, es que muchos maestros intentan inponer doctrinas religiosas. mucho del ninjutsu se basa en estudios de magia negra, como el "kuji-kiri" (son formas de acomodar los dedos y orar a sus dioses).

El sensei de mi maestro (qiuen era budista-shintoista) no estaba de acuerdo con lo que el llamaba sectas peligrosas como "reiki" o con meditacion zen, dijo que su maestro nunca enseño tal cosa. aunque en la literatura popular se diga que el aikido viene del zen, el decia que la naturalesa del universo es llenar los vacios, si vacias tu mente se llenara de algo que tal vez no te convenga. las personas que practican esta y otras meditaciones si reciben poder, pero no es precisamente de ellos.

Mi sensei, quien tenia un dojo en el estado de Washington saco el "kami-sa" (altar) del dojo y perdio como a 16 alumnos en un instante, ellos le dijeron que se estaba metiendo con su libertad de culto, el contesto, "yo no soy sacerdote, soy maestro y cristiano".

El sensei de mi maestro estudio con Ueshiva sensei (Osensei)´quien tenia un dicipulo frances llamado Andre, el le pregunto si tenia que ser shinto para precticar aikido, el sensei le contesto que el aikido le tenia que ayudar a ser un mejor catolico (pues Andre era catolico).

El aikido no fue concebido como una doctrina sino como un sistema de defensa personal y una forma de relacionarse con el entorno (observar, moverse, etc).

Hay una delgada linea entre religion y filosofia, el practicantede artes marciales debe saber reconocer donde empiesa una y termina otra.

si en algun momento el aikido se torna en contra de mis creencias (con consejos de maestros, opinion popular o mandato de mis superiores) dejare de llamar a lo que hago aikido y de ser aikidosha. se que el aikido es un arte muy hermosa, pero no tiene poder para salvar el alma ni dar vida.

saludos
Interesante su exposición Mario.

En el pasado, yo pensaba que el sexto sentido en una persona no cristiana era diabólico, pero ahora pienso que no necesariamente es así.

Para responder a la cuestión de si algo proviene del maligno es necesario someter, conjurar a esta persona al nombre de Jesucristo y entonces preguntar si esta capacidad proviene de Dios.

Voy a hablar de mi experiencia un tanto extraña porque no se si encuentre paralelo con otras personas aunque la más probable es que sí, pero aclaro antes:

- No practico artes marciales pero respeto a los que si lo hacen.
- No me considero mago, ni aprendiz ni nada que sugiera que tengo algun "poder" propio, sino más bien considero que todo es prestado por el Señor, quien usa a su antojo a sus siervos por caminos que no necesariamente uno conoce.

Comienzo, hace algún tiempo tuve una pesadilla espiritual, los demonios atacaron fuertemente un miembro de mi familia, escuchaba toques en el techo y por donde yo caminara me seguía, sentía la presencia del diablo, lo veía en los ojos de esa persona, sentía cuando se iba y cuando llegaba yo era el unico que percibía su presencia de forma tan explícita, y el demonio se dió cuenta de mi percepción al punto que la persona afectada cerraba sus ojos para que yo no pudiera detectarlo.

En ese tiempo me sentí identificado con una fiera, era algo espiritual, mi personalidad era la de: un lince.

Leí sobre el lince, y su personalidad me pareció asombrosamente similar a mi forma de ser, pero, aquello me atemorizaba ¿será que yo estaba siendo presa del engaño de satanás? Resulta ser que los brujos también se identifican con animales poderosos, leones, lobos, panteras etc.

En ese tiempo también detecte que quien propiciaba la infestación demoniaca de aquella casa era un brujo, y el animal regente de aquel brujo era la pantera.

Era la lucha entre el lince y la pantera (¿que raro todo esto verdad?), en ocasiones percibía un ojo de felino mirándome, solo yo lo veía, sabía que el me tenía por un enemigo a vencer y que debía tener cuidado de mí.

En este tiempo, mi amigo, yo estaba en oración constante a mi Señor Jesucristo, incluso me impuse un ayuno espiritual de toda impureza sexual, ni siquiera mirar una mujer, ni programas de tv, al punto que no me masturbé por 40 días (lo cual era bastante considerable para mi que era más joven), sabía intuitivamente que el ayuno derrotaría al demonio.

Incluso me ví al espejo y me conjuré yo mismo ¡a lo cual sorprendentemente respondí, las respuestas salieron de mis labios involuntariamente! Así:

"En nombre de Jesucristo el Señor y Dios Todopoderoso te conjuro (mi nombre) dime quien eres: ¿Eres un animal? .No. Eres un demonio .No. Eres un lince .No. Eres el Espíritu Santo .Sí."

Al final el demonio fué debilitado y derrotado, no quiero dar mayores detalles.

En adelante mis percepciones fueron aguzándose, al punto de chatear y sentir lo que la otra persona está sintiendo al otro lado de la pantalla, en cierta ocasión incluso escuché espiritualmente la otra persona estaba abriendo algo envuelto en papel celofán y se lo dije, esta persona se sorprendió mucho.

Detectaba sentimientos a través de un chat, e incluso intuía pensamientos y acciones.

Yo no estaba en oración constante para sentir estas cosas, ni las pedí, simplemente se desarrollaron en mí.

El meollo de todo este asunto es que no es malo tener sexto sentido, es atípico sí, pero no es diabólico, en todo caso hay que pedir sabiduría al Señor para discernir si esto proviene del maligno o es un don que te ha regalado el Creador.

¡Ah! unm aperitivo, en cierta ocasión hace unos 5 años, yo caminaba unos 12 kms para ejercitarme regularmente, y cuando llegué a determinada distancia, sentí que un samurai me acompañaba, le agradaba estar conmigo esto se repitió varias veces cuando hacía mis ejercicios, era como que yo era parecido a el, y era un orgullo caminar juntos, así lo percibí.

Estuve viendo el video de los palazos en la cabeza, y me parece que el "mecanismo" es parecido, se desarrolla un don que te permite presentir el peligro.

Saludos
Se te ha hecho saber, hombre, lo que es bueno, lo que Yahvé quiere de ti: tan sólo respetar el derecho, amar la lealtad y proceder humildemente con tu Dios (Miqueas 6:8

De Lama reencarnado a seminarista (la oración ligada a la respiración, como en la hesicastia cristiana)

De Lama reencarnado a seminarista (Historia completa)

Apareció en un formato resumido por razones de espacio, en el diario La Razón, el sábado 4 de Octubre de 2008.

Juan es un joven valenciano que a sus 26 años acaba de entrar en un seminario español. Pero su itinerario ha sido muy especial. Siendo de familia católica no practicante, a los 8 años, un lama tibetano llegó a su casa, convencido de que el chico era la reencarnación de un antiguo maestro budista. Tutores tibetanos le formaron y a los 15 años, ya lo nombraron lama. Su encuentro con Cristo llegó de una forma completamente asombrosa. Este es su testimonio, tal como contó en una entrevista.

Por Pablo J. Ginés Rodríguez

monjesbudistas

De lama reencarnado a seminarista: testimonio de un budista español.

Nací en una familia católica pero no practicante. A los 5 años me apuntaron a hacer artes marciales. Cuanto tenía 7 años, sin saber nada del budismo, me sentaba y meditaba al estilo budista, por las noches, sin que me viesen mis padres. Me salía como una cosa muy natural. Una noche hice ruido. Mi madre se percató y me vio sentado en la postura del loto. Yo estaba recitando una oración, el sutra del corazón. Mi madre se asustó; ¡incluso pensaron en llevarme a un psicólogo!
Cuando yo tenía 8 años llegó a casa un lama tibetano. Nos dijo que había tenido unos sueños o visiones y que pensaba que quizá yo era la reencarnación de un lama tibetano. Mis padres no sabían casi nada del budismo, sólo conocían algo que habían leído en los libros de Lobsang Rampa. Sabían que era una religión limpia, no una religión oscura. El lama les inspiró confianza y decidieron darme una formación paralela.
Por las mañanas yo iba al colegio como un niño normal, a los salesianos. Por las tardes, tenía clase con dos tutores budistas tibetanos que vinieron a España, de la tradición Nygma-Pa. Completaba mi formación con artes marciales. Mi educación estaba orientada clarísimamente a ser lama, es decir, maestro, y no un simple monje. Incluía meditación y enseñanzas budistas. He de precisar que mi maestro de artes marciales no era budista, sino sacerdote taoísta. Para mí fue como un tutor, un segundo padre (después de mis padres, claro). Con él practicaba tai-chi, kung-fu, aikido. Me enseñó un taoísmo filosófico, pero no como religión, porque mi religión era la budista. Durante todo esto, mis padres sólo pidieron discrecion. Mi caso fue por eso muy diferente al de Osel Torres, el niño-lama de Granada que salía en todos los medios de comunicación. Nadie en mi colegio conocía mi formación budista.
Lama a los 15 años
Fui nombrado lama oficialmente con 15 años. Para mis maestros, yo era la reencarnación de Tan-ñon-Gon-Chen-Tulku-Rimpoché, un lama ermitaño tibetano del siglo IV d.C. Ese lama estaba especializado en sanaciones espirituales, en las enseñanza más chamánicas del budismo. Se considera que cuando un lama vuelve a nacer, va a seguir desarrollando las mismas actividades que en su otra vida. Por eso se le da una educación y unas responsabilidades superiores a las que por edad corresponderían. El budismo mantiene un registro bastante estricto de la sucesión de lama a lama desde hace siglos, sus funciones, enseñanzas… Por eso yo atendía muchos casos de dolencias espirituales, me traían enfermos, hacía rituales de sanación.
A los 21 años, vivía en Barcelona. Llegó un matrimonio hindú, de la India, recién aterrizado porque habían oído hablar de un curandero o sanador espiritual que podía ayudar a su hija enferma. Resulta que el tal "curandero" era un cura católico, ellos ni lo sabían eso. El sacerdote me los remitió, porque pensó que yo, al ser budista, una tradición asiática, podía atenderlos mejor.
Por lo general, en los casos de dolencia espiritual grave, yo siempre pedía varios informes: uno médico, otro neurológico y otro psiquiátrico. Ellos estaban tan desesperados que habían venido de la India ya con la niña y con todos los informes hechos. Organicé una sesión de sanación según el ritual budista. Como de costumbre, además de los padres y la niña, estaban con nosotros unos amigos a los que solía invitar como testigos y ayudantes. Uno es notario, otro psiquiatra, otro ingeniero y el otro informático.
13 horas de ritual… y algo asombroso
Llevábamos ya 13 horas de ritual y no conseguía nada. La niña se agitaba con fuerza sobrehumana, hablaba mezclando idiomas, se ponía en trance… Yo no conseguía ninguna mejora. Y entonces la madre, que no sabía español, dijo en castellano: "En el nombre de Jesús libera a mi hija". Y en ese momento la madre y la hija cayeron inconscientes. Cuando se despertaron la niña estaba curada y la madre no recordaba haber dicho nada.
Aquello me impactó. Para mí, Jesús sólo había sido un hombre sabio que ayudaba a la gente. Yo nunca había reflexionado sobre Jesús. Lo conocía sobre todo por la asignatura de religión con los salesianos, pero para mí lo que me habían contado de Jesús era sólo como un cuento.
Salí a pasear, a reflexionar sobre lo que había pasado. Me encontré un mendigo, que me hizo señas para que me acercase. Yo iba vestido de monje, con la túnica azafrán y la cabeza rapada. Supuse que mi aspecto le había hecho gracia y querría decirme algo. Pero él sacó un libro y me dijo: "ábrelo". Era la Biblia. Lo abrí 3 veces y me salía la sanación que Jesús hizo en Gerasa. Y entonces entendí que mi vida era seguir a Jesús.
Buscando la voluntad de Dios
Mi maestro budista me dejó marchar. Dijo que siguiera mi corazón. El budismo enseña que la mente a menudo es tramposa, pero el corazón no miente. Dijo que si Jesús estaba en mi corazón, que lo siguiera. Ellos pensaban -y siguen pensando- que volveré al budismo.
Así que volví "al mundo". Incluso estuve saliendo con algunas chicas y me saqué una novia un tiempo. Visité a los capuchinos, que me enseñaron el cristianismo. Me hice terciario capuchino, su rama laica. Pero me parecía que Dios me pedía más.
Me dediqué a conocer las órdenes monásticas, los movimientos católicos, y también los ambientes protestantes, ortodoxos, el islam sufí… Buscaba entender lo que Dios me pedía.
Hice los Ejercicios Espirituales de los jesuitas. Ellos me recomendaron ir de voluntario una temporada con los enfermos del Cottolengo. Estuve en el Cottolengo unos 20 días, y en los enfermos Cristo se me mostró.
Jesús acompañaba su predicación con milagros y curaciones de enfermos.
Un sacerdote egipcio, copto católico, misionero, me contó su experiencia de vida, como sacerdote y misionero. Al oírle hablar, me parecía ver el camino recto de Jesús abierto…
Me hablaron de un seminario que parecía serio. Un médico amigo mío, diácono permanente, me preparó una cita con el obispo. Hablé con él después de la misa, y vimos que Cristo me había tocado. ¿Mi vocación es diocesana o monástica? No lo sé, pero en el seminario, en silencio y estudio se irá descubriendo.
Impactado por Dios Padre y el coraje de Cristo.
De Jesús me impactó su Dios, el Padre que nos quiere, que nos ha creado a su imagen y semejanza. También me impresiona el testimonio de Jesús, su coraje de morir por nosotros. Es impresionante cómo lucha con todos en contra. Hay muchos maestros espirituales, pero sólo Él ha muerto por los hombres. Me impresiona la Pasión. Ese "muere por nosotros"… Si no es el Hijo de Dios no puede morir por nosotros. Ni Buda, ni Moisés ni Zoroastro murieron por los hombres.
Después de mucha reflexión pienso que Dios es como la cima de una montaña. Cima solo hay una. Caminos hay muchos. Ojo, unos son de piedra, otros de fango, no son todos iguales. Pero hay un camino recto, el de Cristo.
Sin renunciar a lo bueno.
Del budismo mantengo cosas valiosas. La disciplina del budismo, la práctica de la meditación, es muy valiosa. El adiestramiento de la mente, el cuerpo y del espíritu. La ascética es un esfuerzo del hombre, un método, no está mal. Pero la mística es la acción del Espíritu, Dios que actúa y te rompe hasta el método.
Mantengo mi disciplina de meditación en la oración privada. Meditación entendida como lectura y reflexión de la Palabra de Dios, rezada, interiorizada, como en la Lectio Divina de la Iglesia latina. También la oración ligada a la respiración, como en la hesicastia cristiana, la tradición del cristianismo oriental, la oración del Nombre de Jesús que sale en los libros griegos de la Filocalia y los monjes del cristianismo oriental. Como decía Juan Pablo II, que me parece un grandísimo santo, hay que respirar con los dos pulmones de la Iglesia.
El voto de pobreza y el de castidad no me resultan difíciles. El de obediencia, el concepto de jerarquía, son cosas que me resultan más novedosas. En ello estamos.
 
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viernes, 22 de junio de 2012

Juan Pablo II y las "energias" misticas

«Es fuerte el impulso de creer en los falsos mitos del éxito y del poder; es peligroso abrazar conceptos evanescentes de lo sagrado que presentan a Dios bajo la forma de energía cósmica, o de otras maneras no concordes con la doctrina católica. ¡Jóvenes, no creáis en falaces ilusiones y modas efímeras que no pocas veces dejan un trágico vacío espiritual!»
 
                                 -Juan Pablo a los jóvenes 26 Agosto 2004.
 

martes, 5 de junio de 2012

Porque no cree el cristiano en la reencarnación

http://encuentra.com/gnosticismo_y_reencar/por_que_no_cree_el_cristiano_en_la_reencarnacion_14590/

¿Por qué no cree el cristiano en la reencarnación?


23 julio 2008
Sección: Gnosticismo y reencar

La reencarnación, que es afirmada por muchas religiones orientales, la teosofía y el espiritismo, es muy distinta de la resurrección

¿Por qué no cree el cristiano en la reencarnación?

A esta pregunta respondió el teólogo Michael F. Hull de Nueva York al intervenir en la videoconferencia mundial de teología organizada el 29 de abril de 2003 por la Congregación vaticana para el Clero. Estas fueron sus palabras.

La integridad de la persona humana (cuerpo y alma en la vida presente y la futura) ha sido y sigue siendo uno de los aspectos de la revelación divina más difíciles de entender. Son todavía actuales las palabras de san Agustín: «Ninguna doctrina de la fe cristiana es negada con tanta pasión y obstinación como la resurrección de la carne» («Enarrationes in Psalmos», Ps. 88, ser. 2, § 5). Dicha doctrina, afirmada constantemente por la Escritura y la Tradición, se encuentra expresada de la manera más sublime en el capítulo 15 de la Primera carta de San Pablo a los Corintios. Y es declarada continuamente por los cristianos cuando pronuncian el Credo de Nicea: «Creo en la resurrección de la carne». Es una expresión de la fe en las promesas de Dios.

A menudo, aun sin el auxilio de la gracia, la razón humana llega a vislumbrar la inmortalidad del alma, pero no alcanza a concebir la unidad esencial de la persona humana, creada según la "imago Dei". Por ello, a menudo, la razón no iluminada y el paganismo han visto «a través de un cristal, borrosamente» el reflejo de la vida eterna revelada por Cristo y confirmada por su misma resurrección corporal de los muertos, pero no pueden ver «la dispensación del misterio escondido desde siglos en Dios, creador del universo» (Ef 3,9). La noción equivocada de la metempsícosis (Platón y Pitágoras) y la reencarnación (hinduismo y budismo) afirma una transmigración natural de las almas humanas de un cuerpo a otro. La reencarnación, que es afirmada por muchas religiones orientales, la teosofía y el espiritismo, es muy distinta de la resurrección de la fe cristiana, según la cual la persona será reintegrada, cuerpo y alma, el último día para su salvación o su condena.

Antes de la parusía, el alma del individuo, entra inmediatamente, con el juicio particular, en la bienaventuranza eterna del cielo (quizá después de un período de purgatorio necesario para las delicias del cielo) o en el tormento eterno del infierno (Benedicto XII, «Benedictus Deus»). En el momento de la parusía, el cuerpo se reunirá con su alma en el juicio universal. Cada cuerpo resucitado será unido entonces con su alma, y todos experimentarán entonces la identidad, la integridad y la inmortalidad. Los justos seguirán gozando de la visión beatífica en sus cuerpos y almas unificados y también de la impasibilidad, la gloria, la agilidad y la sutileza. Los injustos, sin estas últimas características, seguirán en el castigo eterno como personas totales.

La resurrección del cuerpo niega cualquier idea de reencarnación porque el retorno de Cristo no fue una vuelta a la vida terrenal ni una migración de su alma a otro cuerpo. La resurrección del cuerpo es el cumplimiento de las promesas de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento. La resurrección del cuerpo del Señor es la primicia de la resurrección. «Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que por Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicia; luego los de Cristo en su venida» (1 Cor 15,21–23). La reencarnación nos encierra en un círculo eterno de desarraigo corporal, sin otra certidumbre más que la renovación del alma. La fe cristiana promete una resurrección de la persona humana, cuerpo y alma, gracias a la intervención del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, para la perpetuidad del paraíso.

En la carta apostólica Tertio millennio adveniente (14 de noviembre de 1994), escribe Juan Pablo II: «¿Cómo podemos imaginar la vida después de la muerte? Algunos han propuesto varias formas de reencarnación: según la vida anterior, cada uno recibirá una vida nueva bajo una forma superior o inferior, hasta alcanzar la purificación. Esta creencia, profundamente arraigada en algunas religiones orientales, indica de por sí que el hombre se rebela al carácter definitivo de la muerte, porque está convencido de que su naturaleza es esencialmente espiritual e inmortal. La revelación cristiana excluye la reencarnación y habla de una realización que el hombre está llamado a alcanzar durante una sola vida terrenal» (n° 9).