viernes, 4 de septiembre de 2009

¡Soy libre! UN ALTO EN EL CAMINO Alfonso Llano Escobar S.J.

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3801516.html

Noviembre 3 de 2007 - UN ALTO EN EL CAMINO

¡Soy libre!

Somos millares, somos millones los que nos inspiramos y fundamos en la libertad de Cristo.

Aquí quería llegar, como a la meta de mi larga y dichosa peregrinación en la fe católica, como fruto maduro de una siembra de trigo candeal, que estuvo dolorosamente oculto en la gleba de mi espíritu durante más de ochenta años, grano sembrado por la mano de Dios en el surco del Corazón de Cristo, que habita en mí desde niño y me hace partícipe de su victoria sobre las cadenas rotas y verdugos múltiples que quisieron silenciarlo. Pero no, me grita él, que es Verbo eterno de Dios, por boca de san Pablo: "La Palabra de Dios no está encadenada." (2 Tim 2,10) ¡Viva la libertad! que brota a borbotones de la fe en Cristo Jesús. SOY LIBRE.

"Soy libre, aún ante el verdugo", gritó el filósofo francés, y no le faltaba razón, tanta menos al cristiano. Ese verdugo que me traía atormentado, dragón de siete cabezas, era en primer término mi ego, que nunca ha cejado de atormentarme, como verdugo interior que se asoma a cada instante por la ventana de mi cuerpo. Y a pesar de torturarme a cada instante, no ha podido someterme a la esclavitud sexual. Dígase lo mismo del verdugo dinero, del verdugo licor, del verdugo amargura, depresión y tristeza. Me siento libre frente a tantos enemigos que han tratado de hundirme y no han podido. Me siento libre frente a todos mis verdugos. No han podido vencerme porque he confiado en Aquel que conquistó la libertad para sí y para quienes ponemos en él toda nuestra confianza.

Por este motivo, no me siento solo. Somos millares, somos millones los que nos inspiramos y fundamos en la libertad de Cristo, conquistada con su sangre, con la obediencia a la voluntad de su Padre. Soy libre, no rebelde ni desobediente. Al contrario, este grito de libertad brota de mi fe en Jesucristo y de mi obediencia al Espíritu del Padre.

Me confirman en esta libertad, fuera de mi fe en Jesucristo, el Art. 18 de la Constitución colombiana que reza: "Todo ciudadano posee el derecho a expresar libremente su pensamiento". Este derecho a la libertad de expresión es inalienable y anterior al voto de obediencia.

Pero hay algo más. Decreta el Concilio Vaticano II en su Documento Gaudium et Spes: "Debe reconocerse a los fieles la justa libertad de investigación, la libertad de pensar y expresar humilde y valerosamente su manera de ver en aquellas materias que son de su competencia". GS n 62.

Y en la Declaración sobre Libertad Religiosa, enseñan los padres conciliares: "Se injuria, por tanto, a la persona humana y al orden establecido por Dios para los hombres cuando se niega al hombre el libre ejercicio de su religión en la sociedad, siempre que se respete el justo orden público". DH n 3.

Juan Pablo II, siendo arzobispo de Cracovia (Polonia), enseñó: "La uniformidad en el pensar mata a la comunidad. Cualquier comunidad necesita oposición leal".

Y siendo Papa añadió: "Que no se ataque ni se haga callar a quien no comparte nuestras opiniones".

Queridos amigos católicos: siéntanse libres. No es cierto que para ser auténticamente libres haya que salirse de la Iglesia. Aquí es donde nace nuestra verdadera libertad y aquí es donde debemos ejercitarla. "Para ser libres nos libertó Cristo", les recuerda san Pablo a los gálatas (Gal 5,1). "No recaigan en la esclavitud: permanezcan libres".

Piensen y obren según su conciencia. Enseña magistralmente el actual Pontífice cuando aún no lo era, con mayor razón ahora: "Aun por encima del Papa, como expresión vinculante se halla la propia conciencia, a la que hay que obedecer ante todo, si fuere necesario, incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica".

Para confirmar lo anterior, recuerdo la respuesta de la Congregación para el Clero en el caso de Washington (1971), donde algunos sacerdotes que disentían en conciencia de la encíclica Humanae Vitae, fueron privados del ejercicio sacerdotal. Falló esta Congregación: "En el análisis final, la conciencia es inviolable, y el hombre no debe ser forzado a actuar de forma contraria a su conciencia, como lo afirma la tradición moral de la Iglesia".

Fundado en todos estos principios y valores, hoy puedo gritar: "SOY LIBRE".

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