Octubre 12 de 2007
Después de la tempestad...
Seguiré en la Compañía de Jesús, en la Iglesia y en sumisión a Jesucristo.
Mis amigos me preguntan con frecuencia: "¿Cómo está? ¿Cómo van las cosas? ¿Sí va a salir el libro?". No faltaron unos exaltados que me importunaron diciendo: "Rebélese"; "Sálgase de la Compañía"; "Para qué sigue en esa Iglesia que así lo trata"; "Le ofrezco asilo en mi casa". Y bellezas por el estilo, frases de una amistad generosa, pero mal entendida. Juzgo oportuno darles alguna información y hacer un somero balance de los resultados.
Empiezo reconociendo que mi artículo de marras fue duro, pero necesario. Dije la verdad, una verdad cruda, reacción impetuosa a una carta del superior, también dura, quien hubiera evitado la 'erupción del volcán' si recurre al diálogo, como lo viene haciendo recientemente. Pasada la tormenta, creo que no todo fue vendaval y desolación; también se dieron resultados positivos. Resumo algunos: lo oculto se hizo manifiesto y convenía; aprendimos la ventaja del diálogo sobre las cartas; se dieron espacios suficientes para conocer con calma las razones de los superiores; se dio un buen paso hacia la toma de conciencia de la libertad y del reconocimiento de los derechos de los súbditos, entre otros. Es otra de las verdades que van haciendo camino: no solo los superiores cuentan con derechos. También los súbditos somos ciudadanos.
¿Cuáles son las razones de los superiores para diferir la publicación del libro? Que está próximo el Capítulo General de la Orden, que se reunirá en Roma en enero, para elegir un nuevo Superior General y tratar asuntos importantes de la Comunidad; y que, por lo tanto, no conviene producir hechos que vayan a crear tensión entre los jesuitas y la Santa Sede. Y uno podría ser este libro. Vaya usted a ver. Traté de entrar en la lógica de los superiores y acepté; llamé al editor y le pedí suspender la impresión del libro; entendió y también acató respetuoso. Es posible que algunos amigos no estén bien iniciados en las cosas de Dios. Les ruego olvidar y seguir adelante.
Apareció algo de fondo que se dejó ver en la tormenta y que quiero aclarar. Hablo de un cambio que se viene dando hace un par de siglos conocido como la democratización de la sociedad, proceso que empezó con la Declaración de los Derechos del Hombre y el lema "Libertad, Fraternidad, Igualdad". Desde entonces se vienen haciendo declaraciones de derechos y de toma de conciencia de la dignidad de la persona humana y de su sensata autonomía, reconocida por el Concilio Vaticano II GS 36. La Constitución del 91 consagró la tutela, que ha servido a millones de colombianos para sentirse ciudadanos libres y adultos. Pero un hecho bastante ignorado es que tales derechos no han sido reconocidos aún a religiosos, religiosas y sacerdotes. Seguimos siendo tratados como menores, sin derechos que nos igualen a los demás. ¿Será que somos ciudadanos de segundo orden?Nuestra vida y acciones se rigen por el Derecho Canónico, no por el Civil ni por la Constitución. ¡A dónde se puede llegar con estos criterios! Ya es hora de despertar y exigir que nuestra vida se rija también por la Constitución y el Derecho Civil. Que se nos trate por el fuero ordinario, como a cualquier ciudadano, no como a menores de edad, dizque protegidos por un Derecho que sólo favorece a las autoridades.
Aprovecho para aclarar el titular amarillista con el que apareció una entrevista que me hizo EL TIEMPO el 15 de septiembre: 'Jesucristo no resucitó. Fue exaltado'. El entrevistador -que debiera cambiar de oficio- no entendió que era asunto de palabras, no de fondo. El vocablo resurrección, seguido de ascensión, responde a un paradigma planetario ya obsoleto. Jesús, una vez muerto, pasó a Dios. Su cadáver, hablando con propiedad teológica, no salió del sepulcro ni subió al cielo. Ya Juan Pablo II aclaró que el cielo no está en las alturas.
Termino diciendo con satisfacción e inmensa gratitud: sigo y seguiré hasta mi muerte en la Compañía de Jesús, en la Iglesia Católica y en alegre sumisión a Jesucristo. Felizmente, después de la tempestad viene la calma. Laus Deo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario