Un padre sembrando la fe en Dios a través de la imanoterapia o magnetoterapia
Un padre sembrando la fe en Dios a través de la imanoterapia

Hermosos arreglos florales llevaban las señoras a la iglesia; en el lado derecho del atrio unas 50 activas Legionarias de María, impecablemente vestidas de blanco, se preparaban para su reunión; en el confesionario 10 personas, entre jóvenes y adultos, esperaban su turno para confesarse con el padre amigo, el joven sacerdote Wilbert de la Cruz Narváez May.
En uno de los salones de juntas había jóvenes, gente humilde y personas de la tercera edad que habían arribado de Valladolid, Cancún, Mérida y del mismo municipio, con el fin de ser atendida por ese sacerdote que cura.
En el salón donde se llevan a cabo las sesiones de terapia había 6 camas y aparatos de aplicación para los enfermos, así como imanes de diferentes modelos y tamaños; en las paredes hay imágenes de Dios y de la patrona de la iglesia, la Virgen de la Natividad; los pacientes vienen a Yaxcabá convencidos de que serán curados, de que sus males desaparecerán con la ayuda de su fe.
Después de las confesiones, don Paulino nos dice del sacerdote:
—El padre es un amigo, te da confianza y seguridad.
Después de reunirse con un grupo de jovencitas, el sacerdote se dirigió a la sala de reuniones de las Legionarias en donde había más de 50 activistas que vienen de distintas comisarías del municipio; ellas querían escuchar el mensaje del padre, quien les dijo:
—Cuando vayan a ver a los enfermos, pónganse en las manos de Dios para que les lleven las mejores palabras, siempre acrecentando la fe por nuestro Señor Jesucristo y la Virgen María; la fuerza de nuestra labor debe ser inmensa porque muchos necesitan de nosotros y es la voluntad de Dios cumplirla.
Las Legionarias aplauden al sacerdote.
Apoyo a los enfermos
—Padre, allí mucha gente le espera para las sesiones de terapia.
El sacerdote se ríe y nos explica:
—Son ellos que con su fe se curan; por la voluntad de Dios sigo el ejemplo que nos han enseñado: los ayudo a que tengan la esperanza de recuperar su salud; nos apoyamos en la imanoterapia o magnetoterapia.
—¿Cuándo se inició en esto?, le preguntamos.
—Mira, te explicaré cómo comencé. Hace unos años me dolía la garganta y por más que tomaba medicinas no cedía, entonces me vio un médico de nombre Marcelino González Novelo, que es un biomagnetista; el mal se fue; de allí pensé que la gente pobre también se le podría ayudar de esta manera con la imanoterapia; este médico me enseñó durante año y medio la teoría y la práctica de esta disciplina; durante este tiempo estaba como sacerdote en la iglesia de Yaxcabá; fue al pasar a Sotuta cuando inicié las sesiones apoyándome en los mensajes de Dios, infundiendo la fe divina para que genere la fuerza de la fe en los pacientes; el ayudarlos a sanar es también parte de una labor a la comunidad para apoyar a los enfermos, como lo hizo Dios nuestro Señor, a restablecerse para llevar una vida más digna y más cerca de nuestro Señor.
—¿Cómo se hacen las sesiones?
Antes de contestar, el padre le da instrucciones a su secretaria para atender un pendiente; no cabe duda de que es un sacerdote activo, a quien buscan los feligreses. —Te explicaré los pasos más sencillos; primero se platica sobre el estado de salud de la persona para conocer su estado mental, su mundo particular. Después viene el chequeo o rastreo para localizar dónde está el mal y qué lo está causando y tercero, inicia la sesión para poner los imanes en el lugar específico en donde lo requiera el cuerpo para que así se restablezca y logre su equilibrio emocional y espiritual, ya que viene con fe a buscar el apoyo por su salud; de allí es donde me baso para acercarlos a Dios, a su propia comunidad, pero sobre todo a su familia ya que muchos vienen con problemas familiares que los alejan de Dios y que les motivan las enfermedades; ellos, los pacientes, vienen con la fe de que se van a curar y que serán mejores cristianos. Quiero recalcar que uno de los momentos más importantes es que después de poner los imanes hacemos la oración junto con el o los pacientes: invocamos, pedimos a Dios y a la Virgen que nos ayuden a que el paciente se cure; el paciente también lo pide con todas las fuerzas de la fe que ya trae; es cuando reunimos toda las fuerzas de nuestra creencia divina de nuestra fe.
—¿Qué tipo de enfermedades atiende?
—Quiero decir que la imanoterapia es una alternativa de curación; muchos pacientes siguen las instrucciones de su médico con las medicinas que les han recetado; quiero también decir que en varias ocasiones, al ver que el mal está muy avanzado, le recomiendo al paciente que vaya primero con el médico o especialista; mira, muchas enfermedades son por desequilibrio del cuerpo, disfunciones de órganos causados por virus, hongos, parásitos y bacterias; otras enfermedades son provocadas por emociones negativas que carga la persona, como el odio, las intranquilidades, el estrés, que lastiman el cuerpo; estamos seguros que el biomagnetismo es un apoyo de la medicina, en coordinación con los médicos, porque a nadie se le dice que no vaya con el médico, ya que no todo se cura con los imanes; a veces es mejor que vaya a ver al médico, al especialista, aunque en ocasiones el especialista no acierta y el enfermo vuelven conmigo; entonces recordamos que el cuerpo es una obra maravillosa de Dios que Él mismo nos muestra cómo ayudar a curar ese cuerpo.
La magnetoterapia o imanoterapia
La magnetoterapia o biomagnetismo consiste en sanar dolencias físicas y emocionales mediante la aplicación de imanes de cierta potencia y cierta polaridad en diversos puntos del cuerpo.
La magnetoterapia es una práctica de la llamada medicina alternativa, que consiste en la aplicación de campos magnéticos sobre el cuerpo para el tratamiento de algunas enfermedades, o bien para el alivio de dolores crónicos o provocados por algún traumatismo o patología.
El padre Wilbert de la Cruz nos explicó que los imanes son de diferentes tamaños, formas y fuerzas: los hay de 800 Gauss, o sea, su potencia, de 4, 6, 8 y hasta de 20,000 de potencia, que se usan de acuerdo con el mal y el área; mencionó que para el hígado se usan los de mayor potencia.
Junto con sus dos auxiliares, a quienes les ha enseñado, el padre atiende los males nerviosos, respiratorios y digestivos; no tiene específicamente un día u hora para hacerlo, ya que atiende prioritariamente su labor de sacerdote, aunque también dijo que siempre atiende a los pacientes que vienen a verlo; mencionó que lo hace los viernes, lunes y sábados al mediodía.
Testimonios de pacientes
—Mis pies estaban hinchados, me dolía la espalda, no podía caminar; entonces me llevaron ante el padre, un joven él; me acostaron en la cama y no sé qué es lo que me pusieron; dicen que se llama imán, sólo sé que al escuchar las oraciones del padre me dormí y soñé que caminaba rápido, como en mi juventud; al despertar me sentí bien; creo que ya fui como 10 veces; ahora ya camino y no se hincha mis pies, dijo doña Eulalia Peraza Suaste.
Por su parte, doña Gloria Jiménez nos dijo:
—Tenía diabetes, no podía comer de todo, fui ver al padre y en 8 sesiones ya me siento bien; ya como de todo, gracias a Dios y al padre.
Uno de los casos más difundidos es el de don José Eleazar Xeque Cardeña, a quien se le paralizó medio cuerpo; según testigos, el señor tenía que ser llevado a su consulta en silla de ruedas o en triciclo, ya que no podía moverse solo; ahora don José Eleazar ya camina por sí mismo; su esposa, doña Eudosia Santiago, nos dijo:
—Mi esposo resucitó, él se fumaba cuatro cajetillas de cigarros al día y se tomaba cuatro Coca colas cuando cayó enfermo; él quiso matarse; lo llevamos al Hospital O´Horán y nos dijeron que no tenía probabilidades de vivir; entonces fuimos a ver al padre y como un milagro mi esposo comenzó a mejorar; ahora ya camina; lamentablemente él sigue deprimido, pero lo estamos ayudando entre toda la familia.
Otro de los recién curados es el comisario de Tabi, de este municipio, don Bartolomé Dorantes Gamboa, de 35 años. Él nos explicó:
—Estoy agradecido ante Dios y ante el padre Wilbert; no podía caminar, se me trancó todo el cuerpo; no fue pronto, pero a las diez sesiones comencé a mejorar hasta lograr mi completa recuperación, señaló mientras esperaba su turno para ser atendido, ahora una vez por mes.
—¿Se cobran las consultas?, le preguntamos a don Bartola.
—No, no se cobra, tú das lo que puedas, incluso a los que son muy pobres, no se les acepta la donación y les recalcan que deben de seguir su tratamiento.
Al Pbro. Wilbert de la Cruz la gente ya lo conoce como "el padre que cura", y su fama se ha extendido más allá de nuestras fronteras, pues vienen a verlo pacientes de Cancún, Campeche, Playa del Carmen, Mérida, Calkiní y de numerosos municipios de Yucatán.
(Fotos y texto de José Luis Quintal Catzín)

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